Dum, da, da, da, sonó la campana, la clase había comenzado. Me tensé; ¿tenía que ir al baño? No podía pensar ni reconocer a nadie, al menos no había nadie con quien hablar. Se me hizo un nudo en el corazón y el estómago se me revolvió como en una montaña rusa.
mayo 1, 2019
Kosette koons-perdikis

