{"id":3116739,"date":"2006-06-01T00:00:49","date_gmt":"2006-06-01T04:00:49","guid":{"rendered":"https:\/\/www.friendsjournal.org\/contemplando-la-tortura\/"},"modified":"2006-06-01T00:00:49","modified_gmt":"2006-06-01T04:00:49","slug":"contemplando-la-tortura","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.friendsjournal.org\/es\/contemplando-la-tortura\/","title":{"rendered":"Contemplando la tortura"},"content":{"rendered":"<p>Cuando los l\u00edderes pol\u00edticos estadounidenses debaten sobre la \u00e9tica y la eficacia de la tortura, debemos considerar c\u00f3mo nuestro pa\u00eds lleg\u00f3 a este escalofriante momento de nuestra historia. Hemos debatido sobre la pena de muerte durante a\u00f1os, pero a pesar de las guerras y las alertas rojas y los per\u00edodos de xenofobia, nunca antes hab\u00edamos discutido como naci\u00f3n el uso de la tortura. Incluso aquellos que est\u00e1n a favor de la pena de muerte a menudo se oponen al dolor f\u00edsico infligido deliberadamente, abogando por la inyecci\u00f3n letal en lugar de la silla el\u00e9ctrica, la horca, la c\u00e1mara de gas y el pelot\u00f3n de fusilamiento.  <\/p>\n<p>Si nuestro Presidente estuviera dispuesto a hablar con franqueza sobre ello, podr\u00eda decir que nuestra naci\u00f3n se enfrenta a un mal extraordinario, y que si hubi\u00e9ramos estado dispuestos a infligir dolor f\u00edsico y mental severo a los presuntos terroristas, podr\u00edamos haber aprendido sobre los horrores planeados para nosotros el 11 de septiembre de 2001. Como resultado, podr\u00eda decir durante este ejercicio imaginario de sinceridad, que su administraci\u00f3n consider\u00f3 necesario minimizar la crueldad, para decir que es tortura solo cuando causa un dolor equivalente a experimentar la muerte o el fallo de un \u00f3rgano. Podr\u00edamos asumir esto despu\u00e9s de leer \u201cThe Memo\u00bb de Jane Mayer (<em>New Yorker<\/em>, 27 de febrero de 2006), que describe c\u00f3mo los desaf\u00edos dentro de la administraci\u00f3n a esta visi\u00f3n de la tortura han sido r\u00e1pidamente barridos a un lado.  <\/p>\n<p>Una consecuencia de la ambig\u00fcedad deliberada de la administraci\u00f3n sobre la tortura, en el mejor de los casos, es evidente en un juicio militar en Fort Bliss, Texas. Varios soldados y oficiales est\u00e1n siendo juzgados por la muerte de dos j\u00f3venes detenidos afganos, y una estrategia de defensa eficaz ha sido el argumento de que no se puede esperar que los funcionarios de bajo nivel conozcan las reglas del interrogatorio si el Presidente y el secretario de defensa no conocen esas reglas. <\/p>\n<p><center><\/p>\n<h2>Yo<\/h2>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><\/center>A juzgar por lo que ha sucedido en el sistema penitenciario de Ohio, creo que nuestra sociedad comenz\u00f3 hace varios a\u00f1os, semiconscientemente, a aceptar la tortura como justa. Esta posibilidad se me ocurri\u00f3 por primera vez a finales de abril de 2000, unos dos a\u00f1os despu\u00e9s de la finalizaci\u00f3n de la Penitenciar\u00eda Estatal de Ohio, nuestra \u201cSupermax\u00bb. La Supermax en Youngstown, como muchas otras prisiones de m\u00e1xima seguridad en todo el pa\u00eds, fue dise\u00f1ada para ser un entorno enf\u00e1ticamente punitivo: los presos pasan un m\u00ednimo de 23 horas al d\u00eda solos en peque\u00f1as celdas, y solo pueden salir de sus celdas para hacer ejercicio o ducharse con grilletes despu\u00e9s de un humillante registro corporal. Tal arreglo pr\u00e1cticamente descarta los disturbios y promueve los suicidios.   <\/p>\n<p>En abril de 2000, un amigo y yo est\u00e1bamos desayunando en un restaurante en el este de Ohio y hablando sobre el reciente suicidio de Richard Pitts, un preso en la Supermax de Ohio, cuando un camionero de mediana edad pregunt\u00f3 si pod\u00eda unirse a nosotros. Hab\u00eda escuchado nuestra conversaci\u00f3n, dijo, y quer\u00eda contarnos algo. Llev\u00f3 su caf\u00e9 a nuestra mesa, se sent\u00f3 y, antes de que pudiera hablar, comenz\u00f3 a llorar en silencio. Nos cont\u00f3 que su hijo, un funcionario de prisiones en la Supermax, hab\u00eda estado en la prisi\u00f3n cuando Richard Pitts se ahorc\u00f3 en su celda. Su hijo habl\u00f3 del suicidio de Pitts, dijo, como \u201cun alivio de la mala basura\u00bb. Al salir del ej\u00e9rcito, su hijo hab\u00eda aceptado un trabajo en la Supermax, con la esperanza de lograr algo valioso. Se hab\u00eda convertido en un experto local en la influencia de las pandillas en la prisi\u00f3n y a veces se le ped\u00eda que diera charlas en Ohio sobre ese tema. Pero despu\u00e9s de un a\u00f1o en el trabajo, comenz\u00f3 a creer la frase \u201clo peor de lo peor\u00bb, que los administradores de la prisi\u00f3n y los pol\u00edticos usan para describir a los reclusos de la Supermax. Ya no los consideraba totalmente humanos, dijo su padre, y su amargura hab\u00eda comenzado a afectar su trato a su esposa e hijos. El camionero cre\u00eda que su familia estaba siendo destrozada por el trabajo de su hijo en la nueva prisi\u00f3n de Ohio.         <\/p>\n<p>Es importante reconocer que hay hombres peligrosos y violentos en el sistema penitenciario de Ohio. Me correspondo con un joven cuyo abogado me ha hablado de su atroz crimen. Cuando fue trasladado de vuelta a la prisi\u00f3n de m\u00e1xima seguridad de Lucasville despu\u00e9s de m\u00e1s de tres a\u00f1os en la Supermax, este joven atac\u00f3 a otro recluso y fue r\u00e1pidamente devuelto al aislamiento. Seguramente hay presos que deben ser aislados para proteger a otros. Pero sabemos desde hace mucho tiempo que el aislamiento es una forma de tortura, no de rehabilitaci\u00f3n.    <\/p>\n<p>Los primeros Amigos de Filadelfia cre\u00edan que la soledad pod\u00eda tener un poder curativo en la prisi\u00f3n. Pensaban que el tiempo a solas con una Biblia y sin distracciones permitir\u00eda a los criminales entenderse a s\u00ed mismos y las implicaciones de lo que hab\u00edan hecho. A principios del siglo XIX, sin embargo, estaba claro que el aislamiento pod\u00eda ser psicol\u00f3gicamente destructivo. Despu\u00e9s de que Gustave de Beaumont y Alexis de Tocqueville vinieran de Francia para estudiar nuestro sistema penitenciario, describieron lo que sucedi\u00f3 en la prisi\u00f3n de Auburn de Nueva York en su libro <em>The Penitentiary System in the United States<\/em> (1833):   <\/p>\n<blockquote><p>La ala norte, habiendo sido casi terminada en 1821, 80 presos fueron colocados all\u00ed, y se le dio una celda separada a cada uno. Esta prueba, de la que se hab\u00eda anticipado un resultado tan feliz, fue fatal para la mayor parte de los convictos: para reformarlos, hab\u00edan sido sometidos a un aislamiento completo; pero esta soledad absoluta, si nada la interrumpe, est\u00e1 m\u00e1s all\u00e1 de la fuerza del hombre; destruye al criminal sin intermisi\u00f3n y sin piedad; no reforma, mata. <\/p><\/blockquote>\n<p>A finales del siglo XIX, el Tribunal Supremo de los Estados Unidos hab\u00eda reconocido los terribles efectos del aislamiento. En <em>Lucasville: The Untold Story of a Prison Uprising<\/em>, Staughton Lynd cita una decisi\u00f3n de 1890, <em>In re Medley<\/em>, que describe los efectos del aislamiento prolongado en los presos: <\/p>\n<blockquote><p>Un n\u00famero considerable de presos cayeron, incluso despu\u00e9s de un corto confinamiento, en una condici\u00f3n semifatua, de la que era casi imposible despertarlos, y otros se volvieron violentamente locos; otros a\u00fan, se suicidaron, mientras que aquellos que soportaron la prueba mejor no fueron generalmente reformados, y en la mayor\u00eda de los casos no recuperaron suficiente actividad mental para ser de ning\u00fan servicio posterior a la comunidad.<\/p><\/blockquote>\n<p>Los psic\u00f3logos contempor\u00e1neos informan que la privaci\u00f3n sensorial puede causar alucinaciones, confusi\u00f3n y comportamiento psic\u00f3tico. Dicen que el aislamiento es especialmente destructivo cuando las personas lo experimentan como una forma arbitraria de castigo sin un final fijo. <\/p>\n<p>Cuando se retira la oportunidad de asistir a clases de las prisiones, como ha sido en gran medida en los \u00faltimos a\u00f1os, los reclusos a menudo crean oportunidades para reunirse y hablar de todos modos. Este impulso hacia la organizaci\u00f3n comunitaria puede conducir a pandillas, y es una raz\u00f3n por la que se han construido supermaxes en la mayor\u00eda de nuestros estados. <\/p>\n<p>Pero me he reunido con dos grupos iniciados por reclusos que parec\u00edan menos pandillas que buenos seminarios universitarios. En el invierno de 1994 conoc\u00ed a varios miembros de la National Lifers Association en la Instalaci\u00f3n Gus Harrison en Adrian, Michigan. Lo que m\u00e1s me llam\u00f3 la atenci\u00f3n de los presos de Michigan fue su civismo. Solo tuvimos una hora juntos, y varios hombres parec\u00edan querer contar sobre su experiencia en prisi\u00f3n. Se cedieron el turno unos a otros, dando a los m\u00e1s callados la oportunidad de hablar. Hablaron de su p\u00e9rdida de privilegios en los \u00faltimos a\u00f1os, como la oportunidad de hacer arte y m\u00fasica que habr\u00eda sido parte de la rehabilitaci\u00f3n en una \u00e9poca diferente.     <\/p>\n<p>Cuatro a\u00f1os despu\u00e9s de mi visita a la Instalaci\u00f3n Gus Harrison, conoc\u00ed a una clase de presos a largo plazo en la prisi\u00f3n de Green Haven en Stormville, Nueva York. En esa visita, acompa\u00f1\u00e9 a varios estudiantes de Vassar College que estaban programados para ense\u00f1ar al grupo de 20 reclusos, una clase normalmente impartida por los propios reclusos. A mitad de una sesi\u00f3n de dos horas, una de las estudiantes dio una conferencia a la clase sobre justicia ambiental, se\u00f1alando que los vertederos de residuos t\u00f3xicos y las industrias contaminantes se agrupan alrededor de las comunidades minoritarias. Haced un mapa, dijo, de las partes m\u00e1s peligrosamente contaminadas de nuestro pa\u00eds y otro mapa de nuestros barrios minoritarios m\u00e1s pobres, urbanos y rurales. Ahora superponed los mapas, y ver\u00e9is que son casi iguales. Esto no era una novedad para los presos, todos afroamericanos excepto un hispano. Dijeron que hab\u00edan notado plantas de tratamiento de aguas residuales, incineradoras de residuos t\u00f3xicos y plantas qu\u00edmicas en sus propios barrios. Hablaron de la importancia de la organizaci\u00f3n comunitaria para resistir tal injusticia y el desarrollo de lo que un preso llam\u00f3 \u201cprogramas espec\u00edficos de la comunidad\u00bb. Hablaron de formas de responsabilizar a los pol\u00edticos locales.        <\/p>\n<p>La estudiante insisti\u00f3 en otro punto de vista. La clave, dijo, es el poder del consumidor. Una compra cuidadosa e informada, argument\u00f3, puede traer justicia ambiental. La insistencia de la joven en que el consumismo cuidadoso es la respuesta para los presos cuyas familias y vecinos son pobres parec\u00eda fluir de la inocencia de un gran privilegio. Pero los hombres hablaron suavemente, sin sarcasmo, mientras no estaban de acuerdo con ella. Habiendo estudiado juntos durante a\u00f1os, parec\u00edan c\u00f3modos entre s\u00ed y confiados en su capacidad para no estar de acuerdo sin causar malos sentimientos.     <\/p>\n<p>En 1998, cuando visit\u00e9 Green Haven, la financiaci\u00f3n federal y estatal para la educaci\u00f3n en las prisiones se hab\u00eda agotado. Pero habr\u00eda sido dif\u00edcil para cualquiera sentarse durante esa larga reuni\u00f3n de clase sin ver que tal pr\u00e1ctica en el civismo y el animado intercambio de ideas es beneficiosa para los hombres que alg\u00fan d\u00eda podr\u00edan regresar a sus comunidades. A\u00fan as\u00ed, el aislamiento ya era la tendencia creciente en la justicia penal en todo el pa\u00eds, y la Supermax de Ohio acababa de abrir.  <\/p>\n<p><center><\/p>\n<h2>II<\/h2>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><\/center>Durante varios a\u00f1os, Alice y Staughton Lynd han trabajado en Ohio para poner fin a la injusticia que es inevitable cuando un estado construye una instituci\u00f3n dise\u00f1ada para inducir la desintegraci\u00f3n psicol\u00f3gica. Ayudaron a desarrollar una demanda colectiva presentada en nombre de 29 reclusos en la Supermax de Ohio por abogados del Center for Constitutional Rights y la American Civil Liberties Union. En febrero de 2002, el juez federal James S. Gwin dictamin\u00f3 que los reclusos de la Supermax \u201cenfrentan una dificultad at\u00edpica y significativa\u00bb, y agreg\u00f3 que casi 200 hombres fueron trasladados a la Supermax desde 1998 hasta principios de 1999 sin una \u201caudiencia adecuada\u00bb. El juez dijo que el Estado de Ohio hab\u00eda violado la cl\u00e1usula del \u201cdebido proceso legal\u00bb tanto en la 5\u00aa como en la 14\u00aa Enmienda de la Constituci\u00f3n de los Estados Unidos.   <\/p>\n<p>Aunque el juez Gwin no lo expres\u00f3 de esta manera, me parece cierto decir que los presos en la Supermax de Ohio han sido objeto de crueldad mental ilegal, de tortura. Me he correspondido con uno de los presos incluidos en la demanda colectiva, un joven al que llamar\u00e9 Lawrence. En abril de 1993, a la edad de 22 a\u00f1os, Lawrence comenz\u00f3 a cumplir una sentencia de 3 a 15 a\u00f1os por robo a mano armada, un primer delito, en la Instituci\u00f3n Correccional Orient de Ohio. En 1998 fue acusado de agredir a un funcionario de prisiones en estado de embriaguez.   <\/p>\n<p>Un comit\u00e9 de disciplina en la prisi\u00f3n de Orient lo coloc\u00f3 en aislamiento, pero recomend\u00f3 que su nivel de clasificaci\u00f3n siguiera siendo el mismo y que no fuera trasladado a la Supermax. El alcaide de Orient estuvo de acuerdo. Una acusaci\u00f3n penal contra Lawrence, basada en su presunta agresi\u00f3n, fue desestimada por la oficina del fiscal local. A pesar de las recomendaciones y la falta de una acusaci\u00f3n, el jefe Bernard Ryznar de la Oficina de Clasificaci\u00f3n de Ohio elev\u00f3 la clasificaci\u00f3n de seguridad de Lawrence tres niveles de seguridad media a m\u00e1xima alta, una decisi\u00f3n extraordinaria, y lo traslad\u00f3 a la Supermax en octubre de 1998.   <\/p>\n<p>El juez Gwin escribe que despu\u00e9s de un a\u00f1o de buen comportamiento, un comit\u00e9 de reclasificaci\u00f3n en la prisi\u00f3n le dio a Lawrence un a\u00f1o adicional en la Supermax. Despu\u00e9s de m\u00e1s de dos a\u00f1os, el comit\u00e9 recomend\u00f3 que fuera retirado de la Supermax con su clasificaci\u00f3n reducida, pero fueron anulados por los administradores de la prisi\u00f3n de Ohio. A pesar de las directrices que recomiendan la libertad condicional despu\u00e9s de 48 a 60 meses para un delincuente primario condenado por robo a mano armada, Lawrence no pudo ser puesto en libertad condicional despu\u00e9s de haber cumplido m\u00e1s de 90 meses porque fue clasificado como de alta seguridad m\u00e1xima. As\u00ed termina el relato del juez, pero a los pocos meses de su fallo, Lawrence fue trasladado y luego puesto en libertad condicional.   <\/p>\n<p>Al leer el resumen del juez Gwin del caso de Lawrence, uno no puede evitar preguntarse por qu\u00e9 un funcionario estatal ignorar\u00eda una recomendaci\u00f3n un\u00e1nime y pondr\u00eda a un delincuente primario en una instalaci\u00f3n supuestamente dise\u00f1ada para \u201clo peor de lo peor\u00bb. El juez no responde a esa pregunta directamente en su fallo, pero s\u00ed dice esto: \u201cLa apertura de la OSP ha creado demasiada capacidad para el nivel m\u00e1s alto de seguridad. . . . Despu\u00e9s de la enorme inversi\u00f3n en la OSP, Ohio corre el riesgo de tener una mentalidad de &#8216;porque lo hemos construido, vendr\u00e1n&#8217;.\u00bb <\/p>\n<p>El juez Gwin sugiere que el estado puede estar financieramente ligado a un tipo de encarcelamiento conocido por infligir dolor mental, pero el esfuerzo continuo e infructuoso de Ohio para llenar las 504 celdas en la Supermax, mientras toma en cuenta la insistencia del juez en el debido proceso, ha llevado a una gran iron\u00eda fiscal: estamos trasladando a nuestros presos del corredor de la muerte de la Instituci\u00f3n Correccional de Mansfield, donde el costo anual por recluso es de $22,063.14, a la Supermax, donde ser\u00e1n torturados por el resto de sus vidas a un costo anual por recluso de $58,353.80.<\/p>\n<p>La tortura del tipo que creo que hemos llegado a aceptar en Ohio no se ha publicitado de la manera en que se ha informado de una crueldad m\u00e1s espectacular en Abu Ghraib y la Bah\u00eda de Guant\u00e1namo y varios sitios en Afganist\u00e1n. Que yo sepa, ning\u00fan \u00f3rgano legislativo en los Estados Unidos ha debatido seriamente el uso de la tortura en nuestras prisiones. El tema de la tortura se puede discutir con un grado de comodidad solo cuando se mantiene a distancia, como cuando se atribuye a otras culturas, se dice que pone menos \u00e9nfasis que la nuestra en los valores humanos. Incluso los juegos electr\u00f3nicos m\u00e1s violentos incluyen mucha matanza pero ninguna tortura. Y la agon\u00eda mental inducida deliberadamente en nuestras prisiones se ha mantenido en las sombras como solo una parte del lado oscuro de un sistema de justicia penal del que hemos retirado los recursos necesarios para la rehabilitaci\u00f3n.    <\/p>\n<p>Pocos de nosotros queremos pensar en la posibilidad de que estemos implicados en infligir dolor deliberadamente. Este comprensible disgusto ha sido evidente en nuestro discurso p\u00fablico sobre la pena capital. Cuando el Estado de Ohio reanud\u00f3 las ejecuciones en 1999 despu\u00e9s de una moratoria que dur\u00f3 desde 1963, el primero en ser asesinado fue Wilford Berry, un esquizofr\u00e9nico diagnosticado y asesino convicto que se ofreci\u00f3 como voluntario para la inyecci\u00f3n letal. Hubo un considerable debate p\u00fablico antes y despu\u00e9s de su muerte, incluyendo argumentos de que la ejecuci\u00f3n de Berry equival\u00eda a una muerte por piedad y afirmaciones de que matar a un hombre conocido por estar mentalmente enfermo socavaba la legitimidad de la pena capital. Pero a medida que m\u00e1s personas fueron ejecutadas en Ohio y el estado se deshizo de la silla el\u00e9ctrica que hab\u00eda permanecido como una alternativa espantosa a la inyecci\u00f3n letal, la atenci\u00f3n p\u00fablica se alej\u00f3 de la pena capital. Entonces un hombre llamado Lewis Williams se resisti\u00f3 f\u00edsicamente a su ejecuci\u00f3n. Cuando Williams fue asesinado por inyecci\u00f3n letal el 14 de enero de 2004, nueve guardias trabajaron para sujetar al hombre de 117 libras. Sus gritos y retorcidos intentos de salvarse mientras los testigos observaban los preparativos fueron evidencia inequ\u00edvoca de un gran sufrimiento mental, y una vez m\u00e1s hubo un considerable debate p\u00fablico.       <\/p>\n<p>Sabemos que las personas que administran las ejecuciones sufren psicol\u00f3gicamente, y ser\u00eda asombroso si las personas que administran la tortura no fueran da\u00f1adas tambi\u00e9n. De hecho, la mejor manera de entender lo que le sucedi\u00f3 al hijo del camionero en su trabajo como funcionario de prisiones en la Supermax de Ohio puede ser considerar lo que significa ser un agente deliberado del sufrimiento de otra persona. Sugiero una analog\u00eda. Como la mayor\u00eda de los profesores, he sabido c\u00f3mo se siente fracasar al menos tan a menudo como tengo \u00e9xito, pero si llegara a entender mi trabajo como un esfuerzo diario para evitar que mis estudiantes aprendan y crezcan, podr\u00eda buscar consuelo dici\u00e9ndome a m\u00ed mismo que merec\u00edan tal trato. A\u00fan as\u00ed, si me permitiera conocer a mis estudiantes y su potencial para el bien, el acto diario de conducirlos deliberadamente hacia un sentido de inutilidad y desesperanza me llevar\u00eda a la desesperaci\u00f3n. Mi suposici\u00f3n segura es que el hijo del camionero no se desilusion\u00f3 por su contacto con \u201clo peor de lo peor\u00bb. En cambio, sinti\u00f3 lo que en Friends Journal llamamos \u201caquello de Dios\u00bb en los hombres que estaban a su cargo. A medida que lleg\u00f3 a comprender que los estaba atormentando, no cuid\u00e1ndolos de una manera que pudiera prepararlos para vivir fuera de la prisi\u00f3n, debi\u00f3 haber perdido su respeto por s\u00ed mismo.       <\/p>\n<p>Son asuntos sombr\u00edos para reflexionar. Es dif\u00edcil imaginar un momento en el que no nos avergoncemos de hablar de la tortura, y mucho menos de practicarla como pol\u00edtica estatal y nacional. Pero la conversaci\u00f3n ya ha comenzado en los niveles m\u00e1s altos de nuestro gobierno, y tal vez ofrezca una oportunidad para discutir algo que nos ha sucedido sin darnos cuenta en nuestra sociedad polarizada y temerosa. A medida que nuestros l\u00edderes han hablado de confrontar el mal antes de que llegue a nuestras costas y se nos ha recordado diariamente el poder de la violencia suicida, tal vez hayamos llegado a vernos a nosotros mismos como v\u00edctimas desesperadas en un mundo que nos odia. \u00bfDe qu\u00e9 otra manera podemos explicar nuestra tolerancia hacia l\u00edderes cuya creencia en la necesidad de abusar de los prisioneros nos corrompe a todos? La lecci\u00f3n mucho m\u00e1s esperanzadora que se puede extraer del 11 de septiembre de 2001 se nos ha escapado: que somos tan vulnerables como otras personas a pesar de nuestro enorme poder econ\u00f3mico y militar, y nuestra vulnerabilidad compartida es una base para una aut\u00e9ntica comunidad internacional.     <\/p>\n<p>En nuestro miedo desesperado, hemos permitido que nuestros l\u00edderes recurran a la tortura, con la esperanza de aprender lo que el odio de los dem\u00e1s nos depara. Nuestra disposici\u00f3n a permitir la tortura en nuestro nombre puede verse facilitada por la crueldad que hemos aceptado como pol\u00edtica dentro de nuestro propio sistema penitenciario, crueldad que seguramente fomenta m\u00e1s odio. Si somos capaces de hablar entre nosotros sobre el atolladero moral que hemos creado para nosotros mismos en el extranjero, tal vez podamos mirar dentro de nuestras propias prisiones. Y al hacer eso, podr\u00edamos llegar a estar de acuerdo en que nunca deber\u00edamos torturar, ya sea que nuestro motivo sea aprender sobre nuestro peligro o castigar a las personas que consideramos malvadas.   <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cuando los l\u00edderes pol\u00edticos estadounidenses debaten sobre la \u00e9tica y la eficacia de la tortura, debemos considerar c\u00f3mo nuestro pa\u00eds&hellip;<\/p>\n","protected":false},"author":717,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"footnotes":""},"categories":[9799],"tags":[11523,12002,10874],"fpb_issue_category":[],"class_list":["post-3116739","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-cronicas","tag-preocupaciones-sociales","tag-prisiones","tag-salud-mental"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v28.0 - https:\/\/yoast.com\/product\/yoast-seo-wordpress\/ -->\n<title>Contemplando la tortura - 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