{"id":3116813,"date":"2006-05-01T00:00:49","date_gmt":"2006-05-01T04:00:49","guid":{"rendered":"https:\/\/www.friendsjournal.org\/recordando-a-agnes-una-leccion-de-no-violencia\/"},"modified":"2006-05-01T00:00:49","modified_gmt":"2006-05-01T04:00:49","slug":"recordando-a-agnes-una-leccion-de-no-violencia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.friendsjournal.org\/es\/recordando-a-agnes-una-leccion-de-no-violencia\/","title":{"rendered":"Recordando a Agnes: una lecci\u00f3n de no violencia"},"content":{"rendered":"<p>Siempre que intento rastrear mi fe en la de Dios en cada uno, y el poder de la no violencia, mis pensamientos se remontan m\u00e1s de 50 a\u00f1os a la Segunda Guerra Mundial y mis experiencias en un hospital mental estatal. Y pienso en una paciente llamada Agnes Holler, y en todo lo que conocerla me ense\u00f1\u00f3 sobre la violencia y sobre m\u00ed misma, y el poder indestructible del amor. <\/p>\n<p>Mi marido, Allen, fue asignado al Hospital Estatal de Springfield en Sykesville, Maryland, como objetor de conciencia en una unidad del Servicio P\u00fablico Civil (CPS) durante la Segunda Guerra Mundial. Despu\u00e9s de unos meses, pude unirme a \u00e9l como asistente de sala con la promesa de un trabajo en el departamento de servicio social despu\u00e9s de tres meses. <\/p>\n<p>Llegu\u00e9 en un d\u00eda lluvioso de marzo de 1944. Allen ya hab\u00eda sabido que al principio me colocar\u00edan en la Sala de Tuberculosis femenina en Hubner, el edificio de administraci\u00f3n central. Los otros asistentes consideraban que este era un trabajo f\u00e1cil. Los pacientes con tuberculosis eran generalmente demasiado mayores y demasiado d\u00e9biles para ofrecer mucha resistencia, y el trabajo de los asistentes de sala estaba m\u00e1s relacionado con la enfermer\u00eda que con tratar de contener a los pacientes perturbados. Exist\u00eda cierto riesgo de contraer la enfermedad, pero me aseguraron que, mediante radiograf\u00edas peri\u00f3dicas a los asistentes, exigiendo que todos usaran una m\u00e1scara y una rutina de lavado constante de manos, este riesgo podr\u00eda minimizarse.    <\/p>\n<p>Por si esto no fuera suficiente buena suerte, el propio Allen hab\u00eda sido trasladado a la sala de admisi\u00f3n violenta, South IA, en el grupo Hubner, para que pudi\u00e9ramos trabajar y comer en el mismo edificio. Las parejas de CO m\u00e1s antiguas y con m\u00e1s experiencia nos dijeron que \u00e9ramos muy afortunados. En los primeros d\u00edas de la unidad CPS, los pacientes, los asistentes y la administraci\u00f3n por igual despreciaban a los CO. Los asistentes, en particular, ve\u00edan a estos universitarios, demasiado \u201ccobardes\u00bb para ir a la guerra, como una amenaza. Llegamos, asumimos trabajos que los asistentes hab\u00edan desempe\u00f1ado durante toda su vida y afirmamos que, al hacerlo, est\u00e1bamos haciendo un sacrificio comparable a ir al extranjero a luchar, haciendo un trabajo de importancia nacional, como dec\u00eda la Ley del Servicio Selectivo. Pero cuando terminara la guerra, volver\u00edamos a la universidad o a nuestras carreras de cuello blanco, y los asistentes seguir\u00edan haciendo el trabajo sucio, que era el \u00fanico trabajo que conoc\u00edan.     <\/p>\n<p>Esta fuente de amargura, combinada con el patriotismo indignado, produjo una hostilidad desagradable. Muchas de las asistentes ten\u00edan maridos o hijos en el servicio militar y consideraban que odiar a los CO era un acto de lealtad hacia estos seres queridos lejanos. Algunos de los asistentes persuadieron a pacientes violentamente perturbados de que eran los CO los responsables de sus problemas. O se alejaban cuando los CO o las esposas de los CO ten\u00edan problemas con pacientes dif\u00edciles de controlar. O simplemente dejaban todo el trabajo m\u00e1s duro y sucio de la sala a los despreciados \u201cconchies\u00bb.    <\/p>\n<p>Pero ahora, los veteranos nos aseguraron felizmente, las cosas eran muy diferentes. El ambiente hab\u00eda cambiado; la administraci\u00f3n estaba empezando a darse cuenta de que no pod\u00eda dirigir el hospital ahora sin los CO, y a actuar en consecuencia. Algunos de los alborotadores m\u00e1s amargos entre los asistentes de anta\u00f1o se hab\u00edan ido; el resto hab\u00eda ca\u00eddo en una hostilidad sombr\u00eda. A los CO se les daban cada vez m\u00e1s trabajos de responsabilidad, y sus esposas eran contratadas como enfermeras o trabajadoras sociales.   <\/p>\n<p>Deber\u00eda haberme tranquilizado, pero pas\u00e9 la noche antes de mi primer d\u00eda de servicio en la sala dando vueltas y vueltas, con el coraz\u00f3n latiendo dolorosamente. En vano me record\u00e9 lo tranquila que hab\u00eda parecido la sala de tuberculosis cuando la hab\u00eda visitado, lo agradables que eran los asistentes. Estuve sin dormir hasta las primeras horas de la ma\u00f1ana, luego ca\u00ed en una cabezada inquieta. Demasiado pronto son\u00f3 la alarma y nos pusimos en pie, buscando a tientas nuestra ropa en la tenue luz del amanecer, camino al desayuno de las 5:30 am.   <\/p>\n<p>\u201cOh, as\u00ed que est\u00e1s aqu\u00ed\u00bb, dijo la enfermera encargada, Miss Deckert, cuando llegu\u00e9 a la sala puntualmente a las seis. Me mostr\u00f3 la peque\u00f1a sala de los asistentes donde pod\u00eda dejar mis cosas, luego me llev\u00f3 a la estaci\u00f3n de enfermer\u00eda y me se\u00f1al\u00f3 los gr\u00e1ficos de los pacientes en los que deb\u00eda marcar sus temperaturas. Dado que no se pod\u00eda confiar en que pocos de los pacientes tuvieran un term\u00f3metro en la boca, todas las temperaturas deb\u00edan tomarse rectalmente. Miss Deckert me ayud\u00f3 con los primeros, luego, al ver que pod\u00eda arregl\u00e1rmelas, se fue a ocuparse de otros asuntos.   <\/p>\n<p>Complet\u00e9 la ronda de toma de temperatura sin incidentes y comenc\u00e9 a dar de desayunar a los pacientes encamados. Despu\u00e9s de esto, era hora de buscar bacinillas y cambiar s\u00e1banas, y darles ba\u00f1os a los pacientes encamados, mientras que la asistente encargada repart\u00eda medicamentos y vasos de esputo frescos. Despu\u00e9s de la larga noche de terror, el trabajo parec\u00eda f\u00e1cil y mi \u00e1nimo comenz\u00f3 a elevarse.  <\/p>\n<p>Hacia el final de la ma\u00f1ana, Miss Deckert levant\u00f3 la vista y, al verme hacer una pausa moment\u00e1neamente, coment\u00f3 que si no ten\u00eda nada mejor que hacer, pod\u00eda ba\u00f1ar a Agnes Holler. Dado que todos los pacientes eran un borr\u00f3n para m\u00ed, no ten\u00eda idea de qui\u00e9n era Agnes Holler. Miss Deckert resolvi\u00f3 el misterio indicando una puerta cerrada al final de un corto pasillo adyacente a la estaci\u00f3n de enfermer\u00eda. \u201cTen cuidado cuando abras la puerta de que no se te escape\u00bb, advirti\u00f3.   <\/p>\n<p>Tom\u00e9 la llave que me ofreci\u00f3, camin\u00e9 por el pasillo y mir\u00e9 por una peque\u00f1a ventana de vidrio grueso, reforzada con cableado met\u00e1lico. La celda en la que mir\u00e9 estaba iluminada por el sol, alicatada y perfectamente vac\u00eda, excepto por una criatura acurrucada contra la pared. Era una mujer joven la que vi, alta y bastante bien construida, pero dolorosamente delgada, con cabello negro salvaje y rasgos angustiados. Estaba totalmente desnuda.   <\/p>\n<p>Volv\u00ed a mirar a la estaci\u00f3n de enfermer\u00eda. Miss Deckert y la otra asistente, Emma, me estaban observando, sonriendo. No era una sonrisa amistosa. Tuve una visi\u00f3n repentina de m\u00ed misma como podr\u00eda parecerles: remilgada, educada, pretendiendo que encontraba su trabajo, su trabajo de toda la vida, algo que pod\u00eda aprender en una ma\u00f1ana. Adelante, estaban pensando, adelante y veamos qu\u00e9 hace tu educaci\u00f3n universitaria por ti ahora.<br \/>\nRespir\u00e9 hondo y puse la llave en la cerradura.    <\/p>\n<p>\u201cVen, Agnes, voy a darte un ba\u00f1o\u00bb, dije lo m\u00e1s suavemente que pude.<\/p>\n<p>Agnes permaneci\u00f3 en su esquina, ajena, murmurando. Sonaba como una especie de lista de compras que recitaba, aunque solo ocasionalmente pod\u00eda captar un fragmento de ella: \u201c. . . y peque\u00f1os manteles individuales amarillos, y alfombras de ba\u00f1o amarillas, y peque\u00f1os pa\u00f1os de cocina lilas.\u00bb <\/p>\n<p>\u201cVen, Agnes\u00bb, repet\u00ed.<\/p>\n<p>Por un momento continu\u00f3 murmurando. Entonces, de repente, vino hacia m\u00ed, con los brazos en alto, y vi que ten\u00eda la intenci\u00f3n de golpearme. <\/p>\n<p>El simulacro de salvamento para personas mayores vino en mi ayuda. Agarr\u00e9 un brazo levantado por la mu\u00f1eca, la jal\u00e9 a trav\u00e9s de m\u00ed y le sujet\u00e9 el brazo a la espalda. Ahora estaba detr\u00e1s de ella, y me aferr\u00e9 con fuerza mientras luchaba contra m\u00ed. Era fuerte, pero estaba enferma; pod\u00eda sentir el calor de su fiebre y la nitidez de sus huesos a trav\u00e9s de la delgada carne de su brazo. La l\u00e1stima reemplaz\u00f3 mi miedo, y relaj\u00e9 un poco mi agarre. \u201cVen, Agnes, voy a darte un ba\u00f1o\u00bb, repet\u00ed de nuevo.     <\/p>\n<p>Sujet\u00e1ndola todav\u00eda frente a m\u00ed, pero m\u00e1s holgadamente, la llev\u00e9 al ba\u00f1o, abr\u00ed el agua con mi mano libre y la gui\u00e9 a la gran ba\u00f1era antigua. Cuando comenz\u00f3 a llenarse de agua tibia, se relaj\u00f3 y su murmullo se reanud\u00f3: \u201c. . . y peque\u00f1os manteles individuales amarillos y peque\u00f1as alfombras de ba\u00f1o violetas\u00bb. Tal vez estaba planeando un ajuar de novia. Yo ya no estaba all\u00ed. De hecho, nunca hab\u00eda estado all\u00ed, excepto por ese momento en que se abalanz\u00f3. Sabiendo esto, mi miedo disminuy\u00f3 a\u00fan m\u00e1s. Estaba ansiosa por llevarla de vuelta a su celda de forma segura, pero me tom\u00e9 el tiempo para limpiarla, e incluso habl\u00e9 con ella un poco mientras la frotaba.      <\/p>\n<p>\u00bfC\u00f3mo te va con Agnes?\u00bb, pregunt\u00f3 Miss Deckert desde la puerta. <\/p>\n<p>\u201cMuy bien\u00bb, dije, ocupada con mi toallita.<\/p>\n<p>\u201cNo la pierdas de vista\u00bb, dijo Miss Deckert, con inquietud. \u201cEs probable que salte de la ba\u00f1era en cualquier momento.\u00bb <\/p>\n<p>\u201cTendr\u00e9 cuidado\u00bb, promet\u00ed. Pude ver que estaba sorprendida de lo d\u00f3cil que parec\u00eda Agnes, y de lo serena que parec\u00eda yo. Sorprendida y tal vez decepcionada. Sent\u00ed un brillo de orgullo. Despu\u00e9s de que se fue, ayud\u00e9 a Agnes a salir del ba\u00f1o y la sequ\u00e9 cuidadosamente con una toalla blanca grande y le puse una bata limpia. Incluso intent\u00e9 peinar el cabello enmara\u00f1ado, pero Agnes se apart\u00f3 bruscamente.     <\/p>\n<p>\u201cEst\u00e1 bien\u00bb, le dije, \u201cpero alg\u00fan d\u00eda lo peinar\u00e9, y no te har\u00e9 da\u00f1o.\u00bb<\/p>\n<p>Luego la llev\u00e9 de vuelta a su celda, la encerr\u00e9 y pas\u00e9 el resto del d\u00eda corriendo, tratando de cumplir con las \u00f3rdenes de Miss Deckert. Estaba claro que iba a recibir la mayor parte del trabajo y los trabajos m\u00e1s sucios en la sala. Pero bueno, yo era la chica nueva. Era joven y fuerte y no me importaba tanto. Estaba cansada pero triunfante. Era solo un trabajo, y pod\u00eda hacerlo, como hab\u00eda hecho otros trabajos antes.     <\/p>\n<p>A partir de ese d\u00eda, Agnes fue mi cargo especial. Todos comenzaron a notar que era m\u00e1s d\u00f3cil y tranquila conmigo que con los otros asistentes. Por lo tanto, yo era la que la ba\u00f1aba y alimentaba, la que le tomaba la radiograf\u00eda, la que intentaba tomarle la temperatura. Limpi\u00e9 su celda, y pein\u00e9 su cabello, e incluso una vez le limpi\u00e9 las u\u00f1as.   <\/p>\n<p>No es que haya efectuado alg\u00fan gran cambio en Agnes. Si acaso, empeor\u00f3 durante el per\u00edodo en que trabaj\u00e9 en TB II. Sus murmullos eran m\u00e1s r\u00e1pidos y abstractos; de vuelta en su celda, inevitablemente se quitaba la ropa y tiraba su comida. Por la noche, y en mis d\u00edas libres, seg\u00fan se informaba, era la misma vieja gata infernal, atacando a los asistentes cuando se le daba la menor oportunidad.   <\/p>\n<p>Aunque actuaba de manera diferente conmigo, nunca dio la menor se\u00f1al de saber que yo estaba all\u00ed. Le hablaba mientras la ba\u00f1aba y alimentaba, pero nunca hubo ninguna indicaci\u00f3n de que escuchara una palabra de lo que dec\u00eda. Las enfermeras me dijeron que hab\u00edan pasado a\u00f1os desde que hab\u00eda pronunciado una palabra m\u00e1s all\u00e1 de su incesante murmullo. Creo que los otros asistentes pensaban que estaba loca por charlar con ella, pero me sent\u00eda sola en la sala donde nadie me hablaba excepto para dar \u00f3rdenes, y hablar con Agnes ayudaba a pasar el tiempo.   <\/p>\n<p>Adem\u00e1s, de una manera curiosa, me encari\u00f1\u00e9 con Agnes. Era el Everest que hab\u00eda escalado, la arcilla que hab\u00eda moldeado, el le\u00f3n que hab\u00eda domesticado. A medida que superaba todo el miedo a ella, me sent\u00eda cerca, m\u00e1s cerca que con muchos de los otros pacientes que conoc\u00ed posteriormente. Y a medida que el miedo disminu\u00eda, hab\u00eda espacio, como suele haber, para el afecto. Ten\u00eda un sentimiento c\u00e1lido por Agnes, y estar con ella se convirti\u00f3 en el punto culminante de mi d\u00eda.    <\/p>\n<p>No me qued\u00e9 mucho tiempo en la sala de tuberculosis. Despu\u00e9s de seis semanas, los m\u00e9dicos me hicieron una prueba cut\u00e1nea en la espalda y sali\u00f3 negativa. Esto significaba que no ten\u00eda anticuerpos contra la tuberculosis (el precio de una infancia protegida) y, por lo tanto, era un objetivo principal para contraer la enfermedad. Deb\u00eda ser trasladada inmediatamente a otra sala. No quer\u00eda enfermarme, pero en cierto modo lo lamentaba. Estaba familiarizada con la rutina de la sala, y conoc\u00eda a la mayor\u00eda de los pacientes. Pero sobre todo, descubr\u00ed que era reacia a dejar a Agnes. En mi \u00faltimo d\u00eda en la sala, le di un ba\u00f1o extra largo y me di cuenta de que iba a extra\u00f1arla de una manera divertida. Le dije que me iba pero que volver\u00eda a visitarla, y me desped\u00ed, pero por supuesto no respondi\u00f3.        <\/p>\n<p>Pas\u00e9 las seis semanas restantes de mi tiempo como asistente movi\u00e9ndome de sala en sala en el Grupo Hubner. Estaba la sala de enfermer\u00eda, que albergaba a muchas mujeres seniles reci\u00e9n admitidas, y algunas que estaban enfermas y muriendo; y dos salas para pacientes en tratamiento, South IIA y South IIB. El tratamiento en ese momento consist\u00eda casi por completo en terapia de electroshock o terapia de choque de insulina, un esfuerzo por perturbar los patrones de pensamiento y comportamiento delirantes produciendo una amnesia temporal. Supuestamente, los pacientes recib\u00edan algo de psicoterapia junto con los tratamientos de choque, pero con pocos m\u00e9dicos capacitados y una alta proporci\u00f3n de pacientes, esto casi nunca suced\u00eda. No se conoc\u00eda el uso de drogas para tratar diversas psicosis en aquellos d\u00edas. Era choque o nada.     <\/p>\n<p>Los pacientes odiaban la terapia de choque y luchaban contra ella. A los CO y a sus esposas se les ped\u00eda regularmente que ayudaran a llevar a los pacientes a la sala de choque y a sujetarlos durante sus convulsiones. No nos gustaba intensamente, pero no vimos ninguna alternativa aparte de dejar el hospital.  <\/p>\n<p>La sala South IIA fue la peor asignaci\u00f3n de todas. Estaba dirigida por una asistente militante, la Sra. Jones, que cre\u00eda que los pacientes no entend\u00edan ning\u00fan idioma excepto la fuerza, y actuaba en consecuencia. Siempre que estaba presente, la sala estaba en un estado constante de agitaci\u00f3n. Cada celda cerrada ten\u00eda uno o dos inquilinos; en otros lugares, las mujeres estaban encarceladas en camisas de fuerza. Los gritos desgarraban el aire.    <\/p>\n<p>Cualquier esfuerzo por practicar la no violencia en esta sala era inmediatamente deshecho por la Sra. Jones. Odiaba a los CO y se opon\u00eda a que sus esposas fueran asignadas a ella. Exig\u00eda que nos uni\u00e9ramos a ella para atar a los pacientes en camisolas, y luego criticaba nuestros nudos. Detect\u00e9 que detr\u00e1s de su violencia hab\u00eda un miedo profundo a los pacientes. Si el amor perfecto echa fuera el miedo, pens\u00e9, entonces el miedo perfecto echa fuera el amor.    <\/p>\n<p>En contraste, South IA, la sala de hombres violentos de abajo, estaba completamente a cargo de objetores de conciencia, y era un lugar de relativa tranquilidad y armon\u00eda. Originalmente, se necesitaban cinco hombres fuertes para dirigir esta sala. Las cuatro celdas de aislamiento cerradas especiales se hab\u00edan mantenido llenas; algunas con dos o tres pacientes api\u00f1ados, aumentando la locura de cada uno. Despu\u00e9s de que los CO fueron colocados all\u00ed, las celdas cerradas a menudo estaban vacantes, y la administraci\u00f3n redujo el n\u00famero de asistentes a cuatro, luego a tres, a veces solo a dos.   <\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 hab\u00eda pasado para marcar la diferencia? Por un lado, Allen y sus colegas no ten\u00edan miedo de sus pacientes. En cambio, genuinamente les gustaban algunos de ellos. Por la noche, Allen a menudo hablaba de ellos, describiendo la mejora de este, la depresi\u00f3n de aquel, la visita de la esposa de otro. Este tipo de inter\u00e9s amistoso restaur\u00f3 el sentido de dignidad gravemente erosionado de los pacientes y habl\u00f3 al yo saludable en ellos. M\u00e1s tarde aprendimos que los CO en otros hospitales tuvieron la misma experiencia. De la experiencia de CPS en hospitales mentales surgi\u00f3 una nueva organizaci\u00f3n significativa de salud mental (la Asociaci\u00f3n de Salud Mental del Sureste de Pensilvania) con importantes impactos en la desinstitucionalizaci\u00f3n de los pacientes mentales.      <\/p>\n<p>Despu\u00e9s de tres meses en las salas, fui trasladada, como se prometi\u00f3, al departamento de servicios sociales, donde fui capacitada para ser la trabajadora de admisiones, entrevistando a los nuevos pacientes y a sus familias cuando era posible, y organizando un Meeting posterior con cada uno para tomar un historial del caso. No fue una asignaci\u00f3n f\u00e1cil, y tener una secretaria que no me hablaba por principio no lo hizo m\u00e1s f\u00e1cil, pero aprend\u00ed mucho. Tambi\u00e9n llegu\u00e9 a conocer \u00edntimamente al personal m\u00e9dico y de trabajo social.  <\/p>\n<p>Aunque hab\u00eda trabajado antes, la mayor\u00eda de mis trabajos hab\u00edan sido en entornos con personas de ideas afines. Este fue mi primer trabajo en el mundo real, y con frecuencia me desilusion\u00f3 el comportamiento ego\u00edsta y manipulador que observ\u00e9 dentro del personal del hospital. Un m\u00e9dico, adicto a dar tratamiento de choque, se fue a la pr\u00e1ctica privada, llev\u00e1ndose a sus pacientes favoritos con \u00e9l; una trabajadora social plagi\u00f3 un art\u00edculo que hab\u00eda escrito; un miembro del personal se fug\u00f3 con la esposa de otro.  <\/p>\n<p>\u00bfEn qu\u00e9 est\u00e1bamos basando nuestra objeci\u00f3n de conciencia a la guerra sino en una creencia en la bondad inherente a las personas; que hab\u00eda algo de Dios en todos? Pero, \u00bfc\u00f3mo pod\u00edamos aferrarnos a tal creencia cuando vimos miedo y crueldad en las salas, y enga\u00f1o dentro del personal? A medida que escuch\u00e1bamos m\u00e1s y m\u00e1s sobre los campos de concentraci\u00f3n en Europa, y a medida que varios amigos decidieron que deb\u00edan dejar el campamento de CPS y unirse al Ej\u00e9rcito, me volv\u00ed cada vez menos segura de que realmente cre\u00eda en el poder de la no violencia.  <\/p>\n<p>Todo lleg\u00f3 a un punto cr\u00edtico un hermoso d\u00eda de septiembre del segundo a\u00f1o que pas\u00e9 en Sykesville. Hab\u00eda tenido varias experiencias que me sacudieron, y di un paseo solitario por los campos para pensarlo bien. <\/p>\n<p>Sab\u00eda que simplemente no pod\u00eda seguir con la vida que hab\u00eda elegido, una vida basada en la premisa de que los humanos pod\u00edan aprender a vivir en paz, hasta que empec\u00e9 a tener un poco de fe en lo bueno inherente a la raza humana, y tambi\u00e9n en m\u00ed misma. No dejaba de ver lo peor en m\u00ed y en los dem\u00e1s, y, como una profec\u00eda autocumplida, segu\u00eda experimentando las traiciones que esperaba. Necesitaba creer, pensaba; y aunque no era muy h\u00e1bil rezando en aquellos d\u00edas, rec\u00e9 por una se\u00f1al.  <\/p>\n<p>El sol empezaba a ponerse sobre el bosque cuando emprend\u00ed el camino de vuelta al hospital. En el vest\u00edbulo me encontr\u00e9 con la esposa de un auxiliar. Me dirigi\u00f3 una mirada un tanto extra\u00f1a. \u201c\u00bfAdivina qu\u00e9?\u00bb, me dijo. \u201cAcabo de estar hablando con una amiga tuya\u00bb.    <\/p>\n<p>\u00bf\u00bbUna amiga m\u00eda\u00bb?<\/p>\n<p>\u201cS\u00ed, Agnes Holler\u00bb.<\/p>\n<p>\u00bf\u00bbHas estado hablando con Agnes?\u00bb repet\u00ed, sinti\u00e9ndome est\u00fapida. \u201cAgnes no ha hablado con nadie en a\u00f1os\u00bb.  <\/p>\n<p>\u201cS\u00ed, Agnes\u00bb, dijo Florence. \u201cEste era el d\u00eda en que estaba programada para una lobotom\u00eda. Ten\u00edan poco personal y me pidieron que ayudara. Estuve all\u00ed cuando la operaron. Y, \u00bfsabes?, funcion\u00f3. Por primera vez en 22 a\u00f1os habl\u00f3 coherentemente. Y Marge, \u00bfsabes de qui\u00e9n habl\u00f3? De ti. Pregunt\u00f3 d\u00f3nde estabas y c\u00f3mo estabas. Dijo: &#8216;\u00bfC\u00f3mo est\u00e1 esa amable Sra. Bacon? Es la \u00fanica amiga que he tenido desde que llegu\u00e9 a este lugar&#8217;. Parece un milagro, \u00bfverdad?\u00bb <\/p>\n<p>Segu\u00ed mirando a Florence mientras una ola tras otra de reacciones me invad\u00eda. El amor que hab\u00eda sentido por Agnes porque me hab\u00eda ayudado a superar mi miedo. El amor perfecto hab\u00eda expulsado el miedo en lugar de al rev\u00e9s. No hab\u00eda sabido antes que, por imperfecta que fuera, pod\u00eda ser el canal de tal amor. Y el hecho de que ese amor hubiera encontrado su camino a trav\u00e9s de todas las barreras de la locura y el aislamiento de Agnes hasta la persona esencial y milagrosa que hab\u00eda dentro.    <\/p>\n<p>\u201cS\u00ed\u00bb, dije lentamente, \u201ccomo un milagro, una se\u00f1al\u00bb. Empec\u00e9 a llorar. <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Siempre que intento rastrear mi fe en la de Dios en cada uno, y el poder de la no violencia,&hellip;<\/p>\n","protected":false},"author":330,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"footnotes":""},"categories":[9799],"tags":[11557,11889,10874],"fpb_issue_category":[],"class_list":["post-3116813","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-cronicas","tag-no-violencia","tag-objecion-de-conciencia","tag-salud-mental"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v28.0 - https:\/\/yoast.com\/product\/yoast-seo-wordpress\/ -->\n<title>Recordando a Agnes: una lecci\u00f3n de no violencia - Friends Journal<\/title>\n<meta name=\"robots\" content=\"index, follow, max-snippet:-1, max-image-preview:large, max-video-preview:-1\" \/>\n<link rel=\"canonical\" href=\"https:\/\/www.friendsjournal.org\/es\/recordando-a-agnes-una-leccion-de-no-violencia\/\" \/>\n<meta property=\"og:locale\" content=\"es_ES\" \/>\n<meta property=\"og:type\" content=\"article\" \/>\n<meta property=\"og:title\" content=\"Recordando a Agnes: una lecci\u00f3n de no violencia - 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