{"id":3117533,"date":"2007-04-01T00:00:50","date_gmt":"2007-04-01T04:00:50","guid":{"rendered":"https:\/\/www.friendsjournal.org\/una-vision-cristiana-de-la-tierra\/"},"modified":"2007-04-01T00:00:50","modified_gmt":"2007-04-01T04:00:50","slug":"una-vision-cristiana-de-la-tierra","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.friendsjournal.org\/es\/una-vision-cristiana-de-la-tierra\/","title":{"rendered":"Una visi\u00f3n cristiana de la Tierra"},"content":{"rendered":"<p>Por naturaleza, somos criaturas terrestres, sacadas del barro del suelo y llevadas a la vida por el aliento de Dios. \u00cdntimos tanto con la Tierra que da vida bajo nuestros pies como con el aliento vivificante de Dios, llegamos a existir en un maravilloso mundo-jard\u00edn de tierra, plantas, agua y aire. <\/p>\n<p>Pero entonces algo va mal, y nos encontramos escondi\u00e9ndonos del Dios que viene caminando por el jard\u00edn en el fresco de la tarde. Qu\u00e9 es exactamente lo que sale mal es tema para otra meditaci\u00f3n, pero la visi\u00f3n b\u00edblica es profunda: nos encontramos en un mundo alienado de nuestro Creador. A\u00fan m\u00e1s sorprendente, la narraci\u00f3n del G\u00e9nesis nos dice que la \u201cca\u00edda\u00bb fractur\u00f3 no solo nuestra conexi\u00f3n con Dios, sino tambi\u00e9n nuestra relaci\u00f3n con nuestra otra fuente de vida: la Tierra. As\u00ed que Dios, hablando a Ad\u00e1n, dice: \u201cEspinas y cardos [la tierra] te producir\u00e1. . . . Con el sudor de tu rostro comer\u00e1s el pan hasta que vuelvas a la tierra, porque de ella fuiste tomado. . . . Por tanto, el Se\u00f1or Dios ech\u00f3 [a Ad\u00e1n] del jard\u00edn del Ed\u00e9n\u00bb (G\u00e9n. 3:18-19, 23). La alienaci\u00f3n de Dios y la alienaci\u00f3n de la Tierra se emparejan en este retrato b\u00edblico de la condici\u00f3n humana rota.    <\/p>\n<p>La ruptura de la conexi\u00f3n fundacional de la humanidad con la Tierra se reinscribe en la siguiente generaci\u00f3n despu\u00e9s de la Ca\u00edda. Despu\u00e9s de que Ca\u00edn mata a Abel, Dios confronta a Ca\u00edn: \u201c\u00bfQu\u00e9 has hecho? La voz de tu hermano clama a m\u00ed desde la tierra\u00bb (G\u00e9n. 4:10). La Tierra, como si reconociera su parentesco con el bienestar humano, recoge la sangre del inocente Abel y lleva su voz a Dios. \u201cAhora, pues, maldito seas t\u00fa de la tierra, que abri\u00f3 su boca para recibir de tu mano la sangre de tu hermano. Cuando labres la tierra, no te volver\u00e1 a dar su fuerza; ser\u00e1s fugitivo y errante en la tierra\u00bb (G\u00e9nesis 4:11-12). La violencia humana marca la tierra, y los humanos est\u00e1n ahora a\u00fan m\u00e1s alejados de su fuente de vida en Dios y en la Tierra. La Tierra tiene fuerza y abundancia para compartir con los humanos, pero la violencia interhumana satura la tierra con sangre, hace que la tierra retenga su fuerza, y los humanos una vez m\u00e1s se convierten en fugitivos de su fuente de vida terrestre.     <\/p>\n<p>La sabidur\u00eda de estas historias es la verdad espiritual que cuentan sobre la condici\u00f3n humana: muchos de nosotros experimentamos una profunda y persistente sensaci\u00f3n de separaci\u00f3n del mundo natural. Reconocer el linaje b\u00edblico de esta ruptura fundamental puede ayudarnos a comprender nuestra propia resistencia y la de los dem\u00e1s al amor compasivo por la Tierra. Puede ayudarnos a ver la urgencia de nutrir pr\u00e1cticas espirituales y ecol\u00f3gicas para restaurar nuestro sentido individual y comunitario de pertenencia a la comunidad terrestre.  <\/p>\n<p>Me he estado preguntando por qu\u00e9 para muchos de nosotros la devastaci\u00f3n de nuestro hogar planetario parece tan remota, como si estuviera ocurriendo lejos, en tierras distantes. En alg\u00fan nivel sabemos que no es as\u00ed: por supuesto, la degradaci\u00f3n de nuestro hogar terrestre est\u00e1 aqu\u00ed, en medio de nosotros, en las comunidades que amamos, en los terrenos que pisamos. Los sitios que ahora apreciamos, los lugares de nuestros recuerdos y los espacios abiertos del futuro de nuestros hijos est\u00e1n desapareciendo r\u00e1pidamente. Pero muy a menudo, siento, vivimos negando nuestra participaci\u00f3n en esta destrucci\u00f3n, y en abdicaci\u00f3n de nuestra responsabilidad de mantener el bienestar de la creaci\u00f3n que nos rodea.   <\/p>\n<p>Curiosamente, las historias b\u00edblicas de alienaci\u00f3n de la Tierra me consuelan porque me recuerdan cu\u00e1n <em>primaria<\/em> es nuestro alejamiento del mundo natural. El problema comienza con nuestros primeros padres, por as\u00ed decirlo. Estas historias me dicen por qu\u00e9 me resulta dif\u00edcil tomar las decisiones dif\u00edciles, e incluso no tan dif\u00edciles, de vivir de manera m\u00e1s sencilla: por qu\u00e9 conduzco en lugar de caminar, hago una copia m\u00e1s de fotocopias, desperdicio toallas de papel o agua caliente, o sigo perdiendo numerosas oportunidades para la defensa sostenida de la Tierra. Reconocer la intratabilidad y el linaje de generaciones de mi separaci\u00f3n de la Tierra atestiguado en las narrativas b\u00edblicas me insta compasivamente a admitir que es dif\u00edcil caminar por el camino verde del amor a la Tierra. La alienaci\u00f3n de la Tierra es un antiguo rasgo de car\u00e1cter, arraigado en los huesos e inscrito en los corazones de nuestros antepasados y tambi\u00e9n en los nuestros.    <\/p>\n<p>Dada nuestra p\u00e9rdida primordial de parentesco con la comunidad bi\u00f3tica, a menudo pasamos por alto nuestra propia implicaci\u00f3n en la destrucci\u00f3n del h\u00e1bitat que nos rodea. Cuando invadimos espacios salvajes para construir campos deportivos, por ejemplo, para que nuestros hijos puedan jugar al f\u00fatbol; o cuando hacemos incursiones graduales en humedales para construir estructuras institucionales; o cuando elegimos como comunidad, para prop\u00f3sitos aparentemente \u201cbuenos\u00bb, conceder variaciones a los estatutos dise\u00f1ados para proteger arroyos y r\u00edos, no estamos actuando de ninguna manera que sea atrozmente destructiva. Y, sin embargo, cuando estamos sopesando bienes en la toma de decisiones sobre el uso de la tierra, el bien de la expansi\u00f3n humana constantemente tiene prioridad sobre el bien de la integridad ecol\u00f3gica del mundo de los insectos, las plantas y los animales que nos rodea. El problema es que nuestros impactos ambientales fragmentarios son, cuando se consideran juntos, monumentalmente catastr\u00f3ficos; claramente, el impulso est\u00e1 del lado de la desaparici\u00f3n del h\u00e1bitat y el aumento del ruido, la contaminaci\u00f3n del aire y del agua.   <\/p>\n<p>Un d\u00eda de este verano pasado me encontraba en un lugar llamado Sakonnet Point en Little Compton, Rhode Island, observando una draga y taladros que desgarraban el borde del puerto donde hab\u00eda remado en botes de remos y jugado en la arena cuando era ni\u00f1o. Me doli\u00f3 el coraz\u00f3n al contemplar la carnicer\u00eda, el ruido, las rocas rotas, la basura, las pilas de sedimentos producidos en aras de la construcci\u00f3n de un club privado que restringir\u00eda el acceso p\u00fablico a esta \u00e1rea natural y descargar\u00eda diversos contaminantes en la pr\u00edstina v\u00eda fluvial. Me pregunt\u00e9 de nuevo por qu\u00e9 tantas personas bienintencionadas, incluy\u00e9ndome a m\u00ed, a menudo somos tan sordas a los gritos del mundo natural. \u00bfPor qu\u00e9 experimentamos repetidamente las mismas luchas al tratar de persuadirnos a nosotros mismos y a los dem\u00e1s para que prioricemos el bienestar de la tierra y sus habitantes m\u00e1s que humanos? Estoy de acuerdo con aquellos que dicen que la situaci\u00f3n actual de \u201cangustia de la Tierra\u00bb no es en el fondo una crisis de tecnolog\u00eda, sino m\u00e1s bien un s\u00edntoma del malestar espiritual de nuestra cultura. Observo que la mayor\u00eda de la gente no es maliciosa ni odiosa; m\u00e1s bien, en el idioma de la historia cristiana, todos somos simplemente portadores de la herencia de la alienaci\u00f3n de la Tierra.     <\/p>\n<p>La historia cristiana ense\u00f1a, y las tradiciones cu\u00e1queras, en particular, perciben que la restauraci\u00f3n de la relaci\u00f3n Dios-humano se empareja con una renovaci\u00f3n de la relaci\u00f3n humano-Tierra: la transformaci\u00f3n espiritual sana la alienaci\u00f3n de la Tierra que nos aflige. En 1650, cuando el fundador cu\u00e1quero George Fox comenz\u00f3 a experimentar el poder de Dios en el mundo, todas las cosas se volvieron nuevas para \u00e9l: \u201cToda la creaci\u00f3n me dio otro olor que antes, m\u00e1s all\u00e1 de lo que las palabras pueden expresar. La creaci\u00f3n se me abri\u00f3\u00bb. Fox dice que consider\u00f3 convertirse en m\u00e9dico ya que hab\u00eda adquirido este conocimiento, pero en cambio percibi\u00f3 que estaba llamado a <em>reformar<\/em> a los m\u00e9dicos, para llevarlos a ellos y a otros a la \u201csabidur\u00eda de Dios\u00bb. La ministra cu\u00e1quera itinerante de principios del siglo XVIII, Elizabeth Webb, escribe que despu\u00e9s de que habl\u00f3 p\u00fablicamente de la bondad de Dios, \u201cEstaba enamorada de toda la creaci\u00f3n de Dios . . . as\u00ed que todo comenz\u00f3 a predicarme, las mismas hierbas fragantes y las hermosas flores inocentes ten\u00edan una voz que hablaba a mi alma\u00bb. Si bien a veces el cristianismo es una causa que contribuye al aislamiento de los humanos de su fuente terrestre, esta es, sin embargo, no su \u00fanica herencia. El cristianismo nos invita a reexperimentar nuestro arraigo en la Tierra y nos advierte de los peligros de descuidar nuestros or\u00edgenes: vivimos como fugitivos y errantes de nuestra misma fuente de vida cuando violamos la tierra de la que brotamos. La promesa del cristianismo es una relaci\u00f3n restaurada con Dios y con la Tierra.      <\/p>\n<p>A medida que nuestra relaci\u00f3n con la tierra sana, podemos una vez m\u00e1s afirmar nuestro parentesco con la Tierra, un parentesco se\u00f1alado por nuestro origen en el barro del suelo y que se hace eco en la absorci\u00f3n de la sangre de Abel por la Tierra y clamando a Dios. Somos, cada uno de nosotros, entonces, tanto Ca\u00edn como Abel, a la vez profundamente separados de la Tierra, y al mismo tiempo profundamente unidos por parentesco a la Tierra. Estamos, como Abel, unidos en nuestro sufrimiento a la Tierra, reunidos una vez m\u00e1s a nuestra fuente de vida y en uno con la tierra mientras clama por justicia y compasi\u00f3n.  <\/p>\n<h3>Sanando nuestra separaci\u00f3n de la tierra<\/h3>\n<p>En el esp\u00edritu de di\u00e1logo con aquellos que buscan nutrir la conexi\u00f3n con la Tierra, ofrezco dos sugerencias para pr\u00e1cticas que podr\u00edamos emplear para cultivar la compasi\u00f3n por la comunidad de la creaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Mientras estaba de pie con el coraz\u00f3n dolorido en Sakonnet Point este verano y me preguntaba c\u00f3mo podr\u00eda encontrar consuelo, imagin\u00e9 comunidades celebrando \u201cNoches de Recuerdo\u00bb en momentos en que sus espacios abiertos se consideran para el desarrollo. Estos rituales de recuerdo proporcionar\u00edan oportunidades para que la gente relate lo que ama y disfruta de los espacios a desarrollar, y para celebrar estos sitios especiales en historias, im\u00e1genes, cuadros y poes\u00eda. Estas \u201cNoches de Recuerdo\u00bb podr\u00edan ser ocasiones para lamentar la inminente p\u00e9rdida de lugares que hemos amado; podr\u00edan ser una oportunidad para recordar las historias divertidas, sencillas y conmovedoras del tiempo pasado en estos lugares.  <\/p>\n<p>\u00bfPor qu\u00e9 quiero que nuestras comunidades se re\u00fanan para compartir estas historias? Hace algunos veranos, particip\u00e9 en un taller de una semana para ambientalistas y educadores patrocinado por Maine Audubon. En una sesi\u00f3n sobre memoria e infancia, la gente llor\u00f3 al describir lugares de importancia de por vida para ellos; recordaron con dolor la p\u00e9rdida de bosques y campos abiertos a la construcci\u00f3n; hablaron tiernamente de \u00e1rboles, plantas y peque\u00f1os espacios urbanos particulares que nutrieron su amor por la Tierra e inspiraron su trabajo actual como ambientalistas y educadores. Esta sesi\u00f3n demostr\u00f3 lo que muchos amigos de la Tierra han observado: vivir en presencia de nuestras conexiones con la Tierra proporciona a la gente sustento y significado personal, e, incluso m\u00e1s, a menudo empodera a la gente para abogar tambi\u00e9n por el bienestar ambiental.   <\/p>\n<p>Creo que una de las maneras importantes de frenar la implacable destrucci\u00f3n del mundo natural es para nosotros vivir en compasiva atenci\u00f3n plena de los lugares que amamos. Debemos recordar los espacios que nos importan: c\u00f3mo se ven, huelen, suenan, qu\u00e9 colores vemos y c\u00f3mo nos sentimos cuando estamos all\u00ed. Debemos sentir profundamente la singularidad de estos lugares. Para muchos de nosotros es solo cuando sentimos de nuevo el consuelo, la unidad, la belleza, la alegr\u00eda, la calma, el deleite e incluso a veces el dolor de la p\u00e9rdida de estos espacios, que la energ\u00eda brotar\u00e1 dentro de nosotros para proteger estas tierras y estas experiencias para las generaciones venideras. Me pregunto, por ejemplo, si los l\u00edderes comunitarios, conscientes del significado de los espacios abiertos en la vida de las personas, podr\u00edan ser un poco m\u00e1s reacios, una vez que las discusiones pol\u00edticas han comenzado, a conceder las variaciones tan a menudo necesarias para desarrollar nuestras \u00e1reas naturales.    <\/p>\n<p>Mi segunda idea surge de una disciplina que utilic\u00e9 por primera vez en mi ense\u00f1anza. En una clase sobre Visiones Cristianas del Ser y la Naturaleza introduje un ejercicio que inicialmente imagin\u00e9 en t\u00e9rminos acad\u00e9micos estrechos. Est\u00e1bamos leyendo libros que inclu\u00edan observaciones cient\u00edficas detalladas, y quer\u00eda que los estudiantes perfeccionaran sus propias habilidades perceptivas como una forma de fomentar su aprecio por los textos que est\u00e1bamos estudiando. Ped\u00ed a cada estudiante que observara un \u00e1rbol durante todo el semestre de primavera, e invit\u00e9 a los estudiantes a reflexionar sobre sus \u00e1rboles en sus trabajos semanales. Escribieron sobre sus \u00e1rboles, mucho m\u00e1s frecuentemente y con mucha m\u00e1s energ\u00eda de lo que hab\u00eda imaginado.    <\/p>\n<p>Cultivo relaciones con tradiciones, libros y personas cuando ense\u00f1o, pero me di cuenta de que eran las relaciones con sus \u00e1rboles lo que provoc\u00f3 la transformaci\u00f3n m\u00e1s significativa para algunos de mis estudiantes. En un trabajo de reflexi\u00f3n al final del curso, un estudiante escribi\u00f3: \u201cUna imagen que ha resonado continuamente conmigo a lo largo del curso es mi primera visita a mi \u00e1rbol. . . . Era extremadamente esc\u00e9ptico sobre todo el asunto y realmente no ve\u00eda los \u00e1rboles como algo m\u00e1s que madera que eventualmente estar\u00eda cubierta de hojas. Mi \u00e1rbol parec\u00eda especialmente muerto en este d\u00eda en particular, pero a medida que me acercaba mi opini\u00f3n comenz\u00f3 a cambiar. Not\u00e9 que el musgo en su corteza todav\u00eda estaba vivo y tambi\u00e9n que un par de peque\u00f1os brotes hab\u00edan comenzado a brotar en algunas de sus ramas. . . . Definitivamente parec\u00eda haber mucho m\u00e1s sucediendo con este \u00e1rbol de lo que originalmente asum\u00ed. La raz\u00f3n por la que esta imagen se ha quedado conmigo es que constantemente me recuerda tener una visi\u00f3n m\u00e1s observadora de la naturaleza. Mientras que antes podr\u00eda haber pasado por alto las cosas, ahora generalmente trato de echar una segunda o tercera mirada si puedo\u00bb. Aprend\u00ed que la pr\u00e1ctica de estar atento a un \u00e1rbol despert\u00f3 a algunos de mis estudiantes a la importancia de las preocupaciones ecol\u00f3gicas que eran tan convincentes para sus compa\u00f1eros de clase.  <\/p>\n<p>Los \u00e1rboles evocaron recuerdos, dieron placer a mis estudiantes y, lo m\u00e1s sorprendente y significativo, cultivaron un sentido de conexi\u00f3n con la comunidad de la Tierra. Otro estudiante escribi\u00f3: \u201c[Simone de Beauvoir] habla en t\u00e9rminos de humanos, revoluciones econ\u00f3micas, pero es terriblemente f\u00e1cil tomar prestado su lenguaje para hablar de este \u00e1rbol. Ahora he visto este \u00e1rbol, he pensado en \u00e9l, me he acostado sobre sus p\u00e9talos. Ya no es algo de lo que pueda separarme, as\u00ed que, por supuesto, mi ser est\u00e1 ligado a \u00e9l, aunque solo sea en peque\u00f1as formas\u00bb. Muchas personas viven en comuni\u00f3n con la tierra, pero me he vuelto cada vez m\u00e1s consciente de que muchas personas no lo hacen, y que podemos despertar o reavivar la conexi\u00f3n mediante pr\u00e1cticas de atenci\u00f3n plena. Tal vez haya maneras de incorporar disciplinas tan simples como \u201catender a un \u00e1rbol\u00bb en nuestras escuelas, nuestras escuelas del Primer D\u00eda y nuestras comunidades, como maneras de nutrir conexiones basadas en la tierra, de cultivar la compasi\u00f3n y de participar en la sanaci\u00f3n de la alienaci\u00f3n de la Tierra de siglos de antig\u00fcedad que muchos de nosotros experimentamos.   <\/p>\n<p>As\u00ed como olvidamos la intimidad con Dios se\u00f1alada por la historia del G\u00e9nesis de nuestro primer aliento vivificante compartido con Dios; y as\u00ed como olvidamos que somos por nuestro mismo nacimiento de la tierra en parentesco con la Tierra; as\u00ed tambi\u00e9n olvidamos que la crisis de separaci\u00f3n de la Tierra relatada en las narraciones de Ad\u00e1n y Eva y Ca\u00edn y Abel a veces se ha realizado plenamente en las decisiones personales que tomamos en nuestras propias vidas. Visualizar maneras de abordar el sufrimiento ecol\u00f3gico que agota esta buena Tierra implica primero reconocer cu\u00e1n aislados estamos de la tierra. Una vez que reconocemos nuestra herencia de separaci\u00f3n de la comunidad de la Tierra, podemos sanar m\u00e1s eficazmente nuestra ruptura cultivando pr\u00e1cticas que puedan unirnos de nuevo a nuestra fuente de vida primordial. Nuestro sentido de unidad con la biosfera puede ser reavivado a trav\u00e9s de la narraci\u00f3n de las historias b\u00edblicas de nuestros antiguos or\u00edgenes. Nuestra alienaci\u00f3n de la Tierra puede ser sanada a trav\u00e9s del intercambio de recuerdos personales y comunitarios y la pr\u00e1ctica de la conciencia de la Tierra. Y nuestras voces pueden unirse una vez m\u00e1s con nuestro hogar terrestre al clamar por una vida compasiva en una relaci\u00f3n renovada con Dios, el yo y el mundo.     <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por naturaleza, somos criaturas terrestres, sacadas del barro del suelo y llevadas a la vida por el aliento de Dios.&hellip;<\/p>\n","protected":false},"author":782,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"footnotes":""},"categories":[9799],"tags":[11603,11871,11067],"fpb_issue_category":[],"class_list":["post-3117533","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-cronicas","tag-autorrealizacion","tag-biblia","tag-medio-ambiente"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v27.7 - https:\/\/yoast.com\/product\/yoast-seo-wordpress\/ -->\n<title>Una visi\u00f3n cristiana de la Tierra - Friends Journal<\/title>\n<meta name=\"robots\" content=\"index, follow, max-snippet:-1, max-image-preview:large, max-video-preview:-1\" \/>\n<link rel=\"canonical\" href=\"https:\/\/www.friendsjournal.org\/es\/una-vision-cristiana-de-la-tierra\/\" \/>\n<meta property=\"og:locale\" content=\"es_ES\" \/>\n<meta property=\"og:type\" content=\"article\" \/>\n<meta property=\"og:title\" content=\"Una visi\u00f3n cristiana de la Tierra - 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