{"id":3117610,"date":"2006-12-01T00:00:53","date_gmt":"2006-12-01T05:00:53","guid":{"rendered":"https:\/\/www.friendsjournal.org\/navidad-de-1944\/"},"modified":"2006-12-01T00:00:53","modified_gmt":"2006-12-01T05:00:53","slug":"navidad-de-1944","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.friendsjournal.org\/es\/navidad-de-1944\/","title":{"rendered":"Navidad de 1944"},"content":{"rendered":"<p>La peque\u00f1a foto muestra a tres ni\u00f1os sonriendo, cada uno agarrando un libro, saludando a alguien detr\u00e1s de una ventana del tercer piso. Es la Navidad de 1944. Mis dos hermanos menores y yo tenemos nueve, ocho y casi cinco a\u00f1os; ni\u00f1os de la guerra, ni\u00f1os hambrientos, creo. A\u00f1os m\u00e1s tarde, no recordar\u00e9 lo que se siente al tener hambre. Pero s\u00e9 que durante cuatro meses las ciudades del oeste de Holanda han estado atrapadas en una hambruna de guerra a gran escala. Los ni\u00f1os m\u00e1s peque\u00f1os estamos mejor alimentados que nuestros hermanos y hermana mayores, pero a\u00fan no lo suficiente como para evitar que perdamos peso. En cuatro meses, el mediano de nosotros estar\u00e1 a las puertas de la muerte, y yo ser\u00e9 una refugiada, sin que mis padres sepan mi paradero. Pero en este d\u00eda, somos felices. Uno de nuestros hermanos mayores, Bram, el divertido, nos ha llevado a visitar a los padres de su prometida, y ahora nos est\u00e1 haciendo una foto.        <\/p>\n<p>Esa ma\u00f1ana hab\u00edamos ido a la iglesia. Hac\u00eda mucho fr\u00edo; la iglesia no estaba calefaccionada. No hab\u00eda combustible en toda \u00c1msterdam, ni madera ni carb\u00f3n para calentar un edificio. La gente hab\u00eda improvisado peque\u00f1as estufas de le\u00f1a para sus casas utilizando latas y tuber\u00edas viejas. Mi padre, milagrosamente, hab\u00eda encontrado una peque\u00f1a estufa de le\u00f1a con la que pod\u00edamos calentar una habitaci\u00f3n de la casa. Mi madre cocinaba en ella la poca comida que ten\u00edamos. Fue un invierno terriblemente fr\u00edo. Todos los \u00e1rboles de la ciudad hab\u00edan sido talados subrepticiamente por la noche para le\u00f1a. Los apartamentos vac\u00edos hab\u00edan sido despojados de puertas y marcos de ventanas. No hubo \u00e1rboles de Navidad ese a\u00f1o, y como la electricidad hab\u00eda sido cortada desde septiembre, tampoco hubo luces.         <\/p>\n<p>Nosotros, los ni\u00f1os, hab\u00edamos recibido nuestros regalos el cinco de diciembre, el d\u00eda de dar regalos en los Pa\u00edses Bajos. En todas las familias que conoc\u00edamos, la Navidad se celebraba yendo a la iglesia, y con comida especial, m\u00fasica y visitas familiares. Nuestra familia, sin embargo, ten\u00eda una tradici\u00f3n especial que comenz\u00f3 hace 20 a\u00f1os, cuando mi hermano mayor era un ni\u00f1o peque\u00f1o: cada ni\u00f1o de la familia memorizaba una parte de la historia de Navidad de la Biblia. Despu\u00e9s de la iglesia en la ma\u00f1ana de Navidad, los adultos formaban un c\u00edrculo alrededor de la silla de mi padre junto al \u00e1rbol de Navidad, y, uno por uno, nosotros, los ni\u00f1os, nos adelant\u00e1bamos para recitar nuestro texto. Entonces, mi padre nos daba a cada uno un libro. A todos nos encantaba leer, y mi padre a veces dec\u00eda en broma que hab\u00eda comenzado la tradici\u00f3n para tener unas vacaciones tranquilas. Pero era una tradici\u00f3n querida, que ha sido llevada adelante por casi todos mis hermanos en sus propias familias.      <\/p>\n<p>As\u00ed que este a\u00f1o faltaba el \u00e1rbol, y aunque Jaap, Lo y yo hab\u00edamos memorizado nuestros pasajes de la Biblia, no est\u00e1bamos seguros de si habr\u00eda alg\u00fan libro. Las librer\u00edas hab\u00edan estado pr\u00e1cticamente vac\u00edas todo el a\u00f1o. No hab\u00eda papel para imprimir. En la escuela us\u00e1bamos los trozos de papel de borrador m\u00e1s malos para hacer nuestro trabajo, papel con trozos de madera todav\u00eda incrustados en \u00e9l. Y si no lo hab\u00edas llenado a lo ancho y a lo largo con cada mil\u00edmetro cuadrado rellenado, no obtendr\u00edas un nuevo trozo del profesor.    <\/p>\n<p>\u00bfRecibir\u00edamos un libro este a\u00f1o? Sab\u00eda que los adultos eran capaces de hacer muchas cosas; pero \u00bfpodr\u00edan hacer milagros? S\u00ed, mi padre hab\u00eda hecho un peque\u00f1o milagro; hab\u00eda encontrado tres folletos muy delgados con historias escritas por nuestro autor favorito, W.G. van der Hulst. La peque\u00f1a pila estaba esperando en la mesa junto a la silla de mi padre cuando volvimos de la iglesia. Cuando todos los adultos hab\u00edan acercado sus sillas en c\u00edrculo, Jaap, Lo y yo nos adelantamos uno por uno para recitar el hermoso texto de las Escrituras.    <\/p>\n<p>Deb\u00eda de tener cuatro a\u00f1os cuando dije mi primera pieza, la canci\u00f3n de Sime\u00f3n de Lucas, con una melod\u00eda sencilla y cantada en la iglesia como un himno: cuatro o cinco versos de poes\u00eda. Estoy segura de que mi hermano Ruud me hab\u00eda ayudado, ya que a\u00fan no sab\u00eda leer. Cuando ten\u00eda cinco a\u00f1os recit\u00e9 la canci\u00f3n de Mar\u00eda, tambi\u00e9n en una versi\u00f3n rimada. Al a\u00f1o siguiente, Ruud me ayud\u00f3 con Lucas 2:1-7, la historia de Jos\u00e9 y Mar\u00eda yendo a Bel\u00e9n, y c\u00f3mo Mar\u00eda dio a luz a su hijo, Jes\u00fas. A partir de entonces supe leer, y en los a\u00f1os siguientes memoric\u00e9 la historia de los pastores y la historia de Mateo de los sabios que ven\u00edan a Bel\u00e9n.    <\/p>\n<p>Este a\u00f1o mi padre me hab\u00eda dado un pasaje de Isa\u00edas 9 para memorizar, el que empieza con las palabras: <em>El pueblo que andaba en tinieblas vio gran luz; los que moraban en tierra de sombra de muerte, luz resplandeci\u00f3 sobre ellos.<\/em> Ley\u00e9ndolo ahora, 60 a\u00f1os despu\u00e9s, me sorprende lo bien que describ\u00eda nuestra condici\u00f3n. La guerra estaba a nuestro alrededor. La ciudad estaba literalmente en la oscuridad. Cuando el sol se pon\u00eda un poco despu\u00e9s de las cuatro de la tarde, solo ten\u00edamos la d\u00e9bil luz de una l\u00e1mpara de aceite colocada en la mesa del comedor. No era lo suficientemente fuerte como para leer, as\u00ed que por la noche todos nos sent\u00e1bamos dentro de ese peque\u00f1o c\u00edrculo de luz, y los adultos contaban historias. Los adultos eran mis padres, mi hermana mayor y cuatro de mis hermanos mayores que no se hab\u00edan escondido. Todos eran grandes narradores; habr\u00eda muchas risas con los cuentos divertidos de mi padre, Bram, Ruud y el novio de mi hermana, Kees. Cuando llegaba mi hora de acostarme, me escond\u00eda en un rinc\u00f3n oscuro, sin querer dejar ese c\u00e1lido c\u00edrculo de risas. Un a\u00f1o despu\u00e9s, cuando todos est\u00e1bamos de vuelta en casa y hab\u00eda de nuevo comida en la mesa, mi madre lloraba recordando el trauma de no poder alimentar a su familia, y entonces dec\u00eda: \u201cPero tambi\u00e9n fue el momento m\u00e1s maravilloso cuando nos sent\u00e1bamos alrededor de la mesa y cont\u00e1bamos historias y re\u00edamos\u00bb.        <\/p>\n<p><em>Porque t\u00fa quebrantaste su pesado yugo, y la vara de su hombro, y el cetro de su opresor.<\/em> Incluso yo, con nueve a\u00f1os, era consciente del profundo odio a los opresores nazis. Una vez, cuando mi padre ten\u00eda mucha fiebre, solt\u00f3 el lenguaje m\u00e1s feo y despectivo sobre su vecino holand\u00e9s-nazi. No era algo que har\u00eda nunca cuando su mente estaba clara. Un a\u00f1o antes, mi madre hab\u00eda estado viajando en el tranv\u00eda un d\u00eda con mi hermano, que entonces ten\u00eda siete a\u00f1os. Cuando pasaron por la sede de las SS, la temida polic\u00eda nazi, Jaap dijo en voz alta: \u201cMira, mam\u00e1, ah\u00ed es donde viven todos los hombres malos y traviesos\u00bb. El tranv\u00eda estall\u00f3 en risas. Pero tambi\u00e9n fue un momento aterrador para mi madre, porque nunca se sab\u00eda qui\u00e9n podr\u00eda estar escuchando la ch\u00e1chara de este ni\u00f1o. \u00bfUn informante tal vez? El odio al opresor era un hecho de la vida para nosotros, los ni\u00f1os. Sab\u00eda que los adultos estaban esperando que se levantara el yugo y se rompiera la vara. Nunca dudaron de que suceder\u00eda. Solo tard\u00f3 un poco m\u00e1s de lo esperado. \u00bfSuceder\u00eda a tiempo para que todos sobrevivi\u00e9ramos?            <\/p>\n<p><em>Y toda bota del guerrero que marcha en el tumulto de la batalla, y toda vestidura revolcada en sangre ser\u00e1n quemadas como combustible para el fuego.<\/em> Ahora, 60 a\u00f1os despu\u00e9s, entiendo que estas palabras se\u00f1alan el fin de la guerra, pero entonces no lo entend\u00eda. Las palabras <em>y toda vestidura revolcada en sangre<\/em> eran el eco de una cruel realidad. Ten\u00eda nueve a\u00f1os y no me deten\u00eda en ello, pero de vez en cuando el horror se arrastraba a la superficie de mi conciencia. Los ataques a\u00e9reos nocturnos sobre las ciudades alemanas llevaban ocurriendo dos a\u00f1os. Hamburgo, Kassel, Bremen, todas destruidas. Al d\u00eda siguiente de cada bombardeo, se corr\u00eda la voz, triunfalmente: otra ciudad arrasada. Me perturbaba la alegr\u00eda; hab\u00eda tanta gente viviendo en esas ciudades, tantos muertos. Le preguntaba a mi padre: \u00bfPor qu\u00e9? \u201cPorque ellos nos bombardearon primero: R\u00f3terdam, Londres, Varsovia\u00bb. Yo amaba a mi padre y apartaba las preguntas&#8230;          <em>. . . y toda vestidura revolcada en sangre.<\/em> A veces, cuando los bombarderos en su camino a Alemania volaban sobre la ciudad, notaba que uno de ellos era atrapado por un reflector que escudri\u00f1aba el cielo nocturno. Desde la ventana de nuestro apartamento del cuarto piso, lo ve\u00eda tratando de escapar de la trampa. Sent\u00eda una mano fr\u00eda alrededor de mi coraz\u00f3n, entrando en p\u00e1nico: \u00a1van a derribarlo, hay alguien dentro!\u2014 <em>. . . y toda vestidura revolcada en sangre.<\/em><\/p>\n<p>Otra vez, mi hermana lleg\u00f3 a casa disgustada. Acababa de pasar por un peque\u00f1o parque donde, momentos antes, varios hombres hab\u00edan sido ejecutados, obligando a los espectadores a mirar. Los trabajadores de la ciudad estaban limpiando el lugar. Yo sab\u00eda de esas ejecuciones. Los ejecutados eran h\u00e9roes, por supuesto; hombres y mujeres, pero sobre todo hombres, que hab\u00edan hecho trabajo ilegal, ayudado a esconder a jud\u00edos, falsificado tarjetas de racionamiento para personas escondidas, escondido a pilotos cuyos aviones hab\u00edan sido derribados. No era consciente en ese momento de cu\u00e1nta violencia hab\u00eda sido \u201cnecesaria\u00bb para hacer ese trabajo&#8230;      <em>. . . y toda vestidura revolcada en sangre. <\/em><\/p>\n<p>Un domingo lleg\u00f3 la noticia de que un ministro de nuestra iglesia hab\u00eda sido ejecutado. Hab\u00eda rezado por la Reina (que resid\u00eda en Londres en ese momento), un delito capital. Un nazi holand\u00e9s que asisti\u00f3 al servicio lo denunci\u00f3 a la <em>Gr\u00fcne Polizei<\/em>, la polic\u00eda verde alemana. El ministro y el guardi\u00e1n de la iglesia fueron sacados de sus casas, colocados contra la pared de la iglesia y fusilados&#8230;   <em>. . . y toda vestidura revolcada en sangre.<\/em><\/p>\n<p>Un d\u00eda caminaba con mi madre por la Ceintuurbaan, una de las principales calles de nuestra parte de la ciudad. Un temido cami\u00f3n verde con bancos de madera estaba junto a la acera. Un soldado hab\u00eda encontrado a una familia de jud\u00edos y, con una pistola desenfundada, los llev\u00f3 al cami\u00f3n que esperaba. Mi madre me tir\u00f3 del brazo, entrando en p\u00e1nico, \u201cNo mires, no mires\u00bb.   <\/p>\n<p>\u00bfPor qu\u00e9 no? No la entend\u00eda; solo sab\u00eda que algo terrible estaba pasando y que era peligroso prestar atenci\u00f3n&#8230;<em>. . . y toda vestidura revolcada en sangre.<\/em><\/p>\n<p>Mi recitaci\u00f3n de ese a\u00f1o termin\u00f3 con las queridas palabras: <em>Porque un ni\u00f1o nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamar\u00e1 su nombre Admirable Consejero, Dios Poderoso, Padre Eterno, Pr\u00edncipe de Paz. Del aumento de su dominio y de la paz no habr\u00e1 fin. <\/em> Durante los d\u00edas oscuros de esa guerra de invierno, estas palabras debieron resonar como una promesa profunda y perdurable. Todos los domingos nuestra iglesia estaba desbordada, la gente sentada en el suelo, en los pasillos y en las escaleras del balc\u00f3n. La iglesia no era un lugar seguro; a los j\u00f3venes a veces se les advert\u00eda que se fueran porque una redada estaba ocurriendo en una iglesia a tres cuadras de distancia. Pero la iglesia era un lugar de esperanza. Incluso un ni\u00f1o de nueve a\u00f1os pod\u00eda entender eso.    <\/p>\n<p>Mirando hacia atr\u00e1s, me pregunto c\u00f3mo fue posible que a trav\u00e9s de toda la oscuridad, mis padres y hermanos mayores fueran capaces de darnos a los peque\u00f1os una sensaci\u00f3n de calidez y alegr\u00eda. S\u00e9 que eran profundamente religiosos, bendecidos con un sentido del humor y la capacidad de contar grandes historias. Y mis hermanos mayores nos quer\u00edan mucho, a los tres peque\u00f1os que hab\u00edamos nacido en la familia despu\u00e9s del trauma de la muerte de su madre, la primera esposa de mi padre. Los ni\u00f1os sufren durante una guerra, pero los adultos sufren doblemente. Son responsables del bienestar de sus hijos, pero no pueden darles lo que necesitan: comida, ropa de abrigo o seguridad absoluta. Como adulta y como cu\u00e1quera, me he dado cuenta de que Dios estuvo absolutamente presente en la vida de nuestra familia durante ese invierno de 1944-45. En su vulnerabilidad, el Esp\u00edritu pudo entrar y sostener a los adultos que ten\u00edan que cuidarnos.      <\/p>\n<p>No recuerdo mucho m\u00e1s de esa Navidad de 1944. No s\u00e9 qu\u00e9 comimos, no debi\u00f3 de ser mucho, pero estoy segura de que mi madre hab\u00eda hecho algo especial con lo que tuviera. S\u00e9 que tuve que recitar mi pieza varias veces para las t\u00edas y los t\u00edos que nos visitaban, y al d\u00eda siguiente para mi abuela. Y cada vez me perturbaban esas vestiduras revolcadas en sangre.   <\/p>\n<p>Nuestra familia fue una de las afortunadas; todos sobrevivimos.<br \/>\n&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;-<br \/>\n<em>Este art\u00edculo apareci\u00f3 en el n\u00famero de diciembre de 2005 de <\/em>The Carillon<em>, una publicaci\u00f3n mensual para cu\u00e1queros en Arkansas de la que ella es la editora.<\/em> <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La peque\u00f1a foto muestra a tres ni\u00f1os sonriendo, cada uno agarrando un libro, saludando a alguien detr\u00e1s de una ventana&hellip;<\/p>\n","protected":false},"author":757,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"footnotes":""},"categories":[9799],"tags":[11603,11479,10863,9816,11512],"fpb_issue_category":[],"class_list":["post-3117610","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-cronicas","tag-autorrealizacion","tag-crecimiento-espiritual","tag-historia","tag-raza","tag-teologia"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v27.8 - 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