{"id":3117640,"date":"2008-02-01T00:00:53","date_gmt":"2008-02-01T05:00:53","guid":{"rendered":"https:\/\/www.friendsjournal.org\/manteniendolo-simple-unas-memorias-sobre-mujeres-y-desarrollo-en-senegal\/"},"modified":"2008-02-01T00:00:53","modified_gmt":"2008-02-01T05:00:53","slug":"manteniendolo-simple-unas-memorias-sobre-mujeres-y-desarrollo-en-senegal","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.friendsjournal.org\/es\/manteniendolo-simple-unas-memorias-sobre-mujeres-y-desarrollo-en-senegal\/","title":{"rendered":"Manteni\u00e9ndolo simple: unas memorias sobre mujeres y desarrollo en Senegal"},"content":{"rendered":"<p>Como de costumbre, fui la primera en llegar a la sede esa ma\u00f1ana en Dakar. Familiarizada con la tardanza que marca el reloj de Senegal, me preguntaba cu\u00e1ndo bajar\u00eda el ritmo ahora que hab\u00eda elegido formar parte de un equipo. A medida que llegaban los dem\u00e1s investigadores, el miedo y la emoci\u00f3n converg\u00edan. Fui al ba\u00f1o a arreglarme el pelo, como si acicalarme hiciera que el cambio inminente fuera menos abrumador.   <\/p>\n<p>Con tres colegas, nos acompa\u00f1aron a un todoterreno blanco que nos llevar\u00eda a la desconocida Kedougou, una regi\u00f3n mayoritariamente rural a m\u00e1s de 560 kil\u00f3metros de la capital. \u00cdbamos a estudiar un proyecto de microfinanciaci\u00f3n que proporcionaba a las mujeres nuevas herramientas para ahorrar y gestionar su dinero de forma aut\u00f3noma. Al igual que las teor\u00edas que ensalzan los mercados y las empresas como la clave de la emancipaci\u00f3n de las mujeres pobres, laissez faire era la consigna mientras la hora punta se espesaba con cuasi accidentes y taxis que pitaban con frustraci\u00f3n. Cuando por fin cogimos velocidad en campo abierto, me qued\u00e9 dormida, aliviada por un sentimiento de prop\u00f3sito y la ilusi\u00f3n de una trayectoria lineal.   <\/p>\n<p>Unas horas m\u00e1s tarde me despert\u00e9 bruscamente por los chirriantes giros del coche; el conductor sorteaba baches con \u00e9xito variable. La carretera asfaltada se hab\u00eda deteriorado hasta convertirse en arenales rodeados de parches de asfalto. Al principio brome\u00e9 con mis colegas diciendo que est\u00e1bamos en una atracci\u00f3n de feria con muchos baches. Pero la novedad pas\u00f3 r\u00e1pidamente. Esa ma\u00f1ana hab\u00eda salido con una imagen mental de mujeres con m\u00e1quinas de coser financiadas con microcr\u00e9ditos salvando el mundo, erradicando la pobreza con una prenda de dise\u00f1o colorido a la vez. Pero al reconsiderar esa noci\u00f3n de desarrollo, me pregunt\u00e9 cu\u00e1nto cambio pod\u00edan catalizar las mujeres cuando se enfrentaban a problemas estructurales como carreteras pr\u00e1cticamente intransitables. Aunque valoraba el contacto humano que implicaban las iniciativas de base, los retos a los que se enfrentaban las microempresarias al transportar sus productos a mercados exteriores m\u00e1s rentables eran muy reales. Ampliar el acceso a los servicios financieros era importante, pero despu\u00e9s de mi arduo viaje, bienes comunes como las carreteras me parec\u00edan prioridades dignas de inversi\u00f3n tambi\u00e9n.       <\/p>\n<h3>El primer Meeting<\/h3>\n<p>Condujimos hasta el pueblo de Niemenike, que ser\u00eda mi hogar durante las seis semanas siguientes. Nuestros anfitriones nos recibieron en el patio del Im\u00e1n, el recinto familiar del l\u00edder isl\u00e1mico, donde esperaban las miembros del grupo de microfinanciaci\u00f3n. Mientras todo el mundo se acomodaba, un administrador de proyectos de Dakar coment\u00f3 que la formadora del grupo, Mariama, podr\u00eda haber conseguido una beca de baloncesto para los Estados Unidos. Con m\u00e1s de metro ochenta de estatura, Mariama se baj\u00f3 de su moto y nos estrech\u00f3 la mano con confianza, pareci\u00e9ndome un pez que nadaba entre aguas culturales occidentales y africanas. Despu\u00e9s de que las mujeres comenzaran el Meeting resumiendo sus normas de ahorro y pr\u00e9stamo, Mariama tradujo nuestras preguntas sobre gesti\u00f3n del dinero a la lengua local. Asombrada por el di\u00e1logo que Mariama estaba facilitando, me compromet\u00ed a trabajar para alcanzar tal fluidez.     <\/p>\n<p>El Im\u00e1n concluy\u00f3 el Meeting con una oraci\u00f3n comunitaria, y entonces la presidenta del grupo, Fatou, regal\u00f3 al equipo de investigaci\u00f3n un pollo clueco como muestra de agradecimiento de las mujeres. Uno de mis colegas de m\u00e1s edad, Nabil, intervino de inmediato y declar\u00f3 que no pod\u00edamos aceptar la ofrenda av\u00edcola. Mariama replic\u00f3 que el intercambio de regalos era una tradici\u00f3n que deb\u00edamos respetar. Nabil insisti\u00f3 en que no pod\u00edamos \u201cdejar que la tradici\u00f3n matara a los aldeanos\u00bb. Aceptar el regalo empobrecer\u00eda a\u00fan m\u00e1s a la comunidad que nuestro proyecto intentaba ayudar. Fatou argument\u00f3 que era un gesto que reconoc\u00eda todo lo que el programa de microfinanciaci\u00f3n hab\u00eda aportado al pueblo, pero Nabil sigui\u00f3 neg\u00e1ndose. Al final, llegamos al acuerdo de que Mariama se llevar\u00eda el pollo a casa. Me sent\u00ed avergonzada cuando el equipo se march\u00f3, cubri\u00e9ndonos de polvo a las mujeres y a m\u00ed. Dejando atr\u00e1s el aprendizaje sobre la econom\u00eda del pueblo y aprovechando al m\u00e1ximo mi sencillo entorno, ser\u00eda el primero de varios encuentros que experiment\u00e9 llenos de buenas intenciones y malentendidos culturales.        <\/p>\n<h3>Adaptaci\u00f3n<\/h3>\n<p>Sin agua corriente ni electricidad, adopt\u00e9 la costumbre de los aldeanos de levantarme y acostarme con el sol, estableciendo finalmente una rutina que me funcionaba. Unas dos semanas despu\u00e9s de mi estancia, estaba terminando una entrevista cuando mi madre de acogida entr\u00f3 corriendo para anunciar que deb\u00eda acompa\u00f1arla a los campos. Al principio me negu\u00e9, pero ante su obstinada insistencia salimos juntas. El sol ya quemaba en el cielo al comienzo de la caminata de tres kil\u00f3metros. No acostumbrada a tanto calor, me mare\u00e9 y me sent\u00ed d\u00e9bil. Me desconect\u00e9 de la incomodidad y llegu\u00e9 a los campos como un zombi demasiado exhausto para hablar. Me sent\u00e9 bajo un gran \u00e1rbol donde las mujeres mayores atend\u00edan a los beb\u00e9s que eran demasiado peque\u00f1os para estar lejos de los pechos de sus madres, pero demasiado grandes para ser atados a sus espaldas mientras trabajaban. A lo lejos hab\u00eda un gran grupo de personas recogiendo algod\u00f3n constantemente en los campos. Me enfad\u00e9 con mi madre de acogida por convertir mi ma\u00f1ana perfectamente productiva en agotamiento f\u00edsico. Despu\u00e9s de unos sorbos de agua, consegu\u00ed reunir fuerzas para volver a casa. Mientras caminaba, me resent\u00eda por el comportamiento aparentemente provinciano de mi madre de acogida. Tal vez hab\u00eda algo de verdad, pens\u00e9, en esta idea del atraso de los pueblos en la que los expertos en desarrollo cre\u00edan cuando hablaban de ayudar a las mujeres pobres desde sus oficinas con aire acondicionado en Dakar.           <\/p>\n<p>Decidida a volver a encarrilarme a la ma\u00f1ana siguiente, segu\u00ed adelante con una nueva apreciaci\u00f3n por la dificultad del trabajo de las mujeres. Al mismo tiempo, inesperadamente, los aldeanos se mostraron m\u00e1s abiertos a mi presencia. En aquel momento atribu\u00ed este cambio al mero paso del tiempo. Mi trabajo progres\u00f3 y adquir\u00ed un sentido m\u00e1s profundo de lo que buscaba. En mis entrevistas, me sorprendi\u00f3 saber que las mujeres tend\u00edan a compartir peque\u00f1os pr\u00e9stamos con los miembros de su familia en lugar de invertir directamente en actividades de peque\u00f1as empresas. Mientras que la l\u00f3gica general de las microfinanzas hac\u00eda hincapi\u00e9 en los beneficios financieros individuales y en el empoderamiento de las prestatarias, tal dispersi\u00f3n comunitaria demostraba que, al menos en este entorno rural, las mujeres prefer\u00edan invertir en sus relaciones sociales. La teor\u00eda no se traduc\u00eda en la pr\u00e1ctica. Incapaz a\u00fan de juntar las piezas del rompecabezas del desarrollo, empec\u00e9 a dudar de los frutos obtenidos del campo de las microfinanzas que hab\u00eda aprendido a idealizar en casa.       <\/p>\n<h3>\u00a1Eureka en los campos de algod\u00f3n!<\/h3>\n<p>Como los cr\u00edticos de arte que no pueden pintar, me preocupaba no ser capaz de hacer aquello que estaba estudiando. Las entrevistas estaban bien para redactar informes, pero yo quer\u00eda participar tambi\u00e9n en la vida cotidiana. Una mujer llamada Niary me impuls\u00f3 a la acci\u00f3n cuando me invit\u00f3 a un <em>kil\u00e9<\/em>, un d\u00eda de trabajo colectivo. Su vecina necesitaba ayuda para cosechar su cosecha, y el trabajo de Niary era correr la voz de que se hab\u00eda reservado un d\u00eda para que la comunidad trabajara junta. Me recoger\u00eda de camino a los campos a la ma\u00f1ana siguiente. Me puse nerviosa al irme a la cama, ya que la \u00faltima vez que hab\u00eda intentado echar una mano me hab\u00eda fatigado mucho.     <\/p>\n<p>A la ma\u00f1ana siguiente me levant\u00e9 temprano con el primer canto del gallo y esper\u00e9, pero cuando el amanecer irrumpi\u00f3 en el cielo y se desvaneci\u00f3 en suaves franjas de luz matutina, Niary segu\u00eda sin venir. Cort\u00e9 quimbomb\u00f3 pegajoso para la comida de mi familia mientras esperaba a unirme a la siguiente mujer que fuera a los campos. Pronto pas\u00f3 una que podr\u00eda haber sido mi abuela. Habiendo agotado nuestro vocabulario compartido a trav\u00e9s del intercambio de saludos, no hablamos mucho mientras yo saltaba tras ella en la maleza, impresionada por la vivacidad de esta mujer.   <\/p>\n<p>Llegamos a los campos justo cuando el sol empezaba a calentar. Hab\u00eda al menos 25 mujeres y un pu\u00f1ado de hombres ya trabajando duro. Se sorprendieron al verme atarme un pa\u00f1uelo alrededor de la cintura para recoger el algod\u00f3n del que solo hab\u00eda le\u00eddo en los libros de historia sobre la esclavitud americana. Inclinada recogiendo flores espinosas, mi mente descans\u00f3 durante la ma\u00f1ana mientras me met\u00eda en el ritmo de trabajo colectivo. Mientras el sudor me corr\u00eda por la espalda, una instant\u00e1nea mental de mi madre trabajando en el jard\u00edn de nuestra casa de Filadelfia me record\u00f3 lo lejos que hab\u00eda viajado para llegar a esta precisa intersecci\u00f3n de espacio y tiempo. No me sent\u00ed desplazada, sino muy en casa.     <\/p>\n<p>Para el almuerzo, 75 personas se agacharon alrededor de cuencos compartidos de arroz y verduras amargas. Caramelos de menta dura endulzaron la transici\u00f3n de vuelta al trabajo de la tarde. <\/p>\n<p>Justo cuando pensaba que no pod\u00eda trabajar m\u00e1s, las mujeres empezaron a cantar suavemente. Unas pocas voces se desplegaron en un coro espont\u00e1neo agradeciendo a cada persona que hab\u00eda venido a trabajar ese d\u00eda. Se me hizo un nudo en la garganta para contener las l\u00e1grimas cuando me di cuenta de que las mujeres me inclu\u00edan en su canci\u00f3n. En realidad, hab\u00eda conseguido hacerme miembro de su grupo, aunque solo fuera por un momento. Las mujeres irrumpieron en c\u00edrculos de baile el\u00e9ctricos, con piernas volando y manos aplaudiendo que me hicieron bailar como si nadie estuviera mirando. Mis ambiciones personales se calmaron. Yo era una solo en la medida en que formaba parte de un todo.      <\/p>\n<p>De vuelta al pueblo al anochecer, tarare\u00e9 la melod\u00eda de llamada y respuesta que acababa de aprender. Aferr\u00e1ndome a mi suposici\u00f3n de que el inter\u00e9s propio motiva a las personas a actuar, le pregunt\u00e9 a mi hermana de acogida cu\u00e1l era la recompensa por su presencia en el campo. \u201c\u00bfAparte de la deliciosa comida?\u00bb, brome\u00f3 medio en serio. Luego explic\u00f3 el pacto impl\u00edcito que se hac\u00eda cuando ella ofrec\u00eda un d\u00eda de trabajo en el campo de su vecina. En el futuro, cuando ella lo necesitara, la due\u00f1a de la cosecha de algod\u00f3n recolectada hoy le devolver\u00eda el favor. Lo mismo ocurr\u00eda con todos los dem\u00e1s que hab\u00edan asistido. Result\u00f3 que la solidaridad social que hab\u00eda observado estaba arraigada en la deuda de los aldeanos entre s\u00ed. De repente entend\u00ed por qu\u00e9 me hab\u00eda sentido instintivamente mal por el incidente del pollo mi primer d\u00eda en el pueblo. Al igual que los que se hab\u00edan ofrecido voluntarios para la jornada laboral, la presidenta del grupo de mujeres hab\u00eda estado intentando invertir en su futuro. En el regalo hab\u00eda impl\u00edcito un contrato; al aceptarlo, la organizaci\u00f3n de desarrollo habr\u00eda accedido a continuar su trabajo en el pueblo como pago. Al negarnos, hab\u00edamos enviado el mensaje de que nuestra relaci\u00f3n laboral estaba en terreno inestable. Hojeando las p\u00e1ginas de mi estancia, tambi\u00e9n vi por qu\u00e9 mi madre de acogida hab\u00eda insistido en que fuera con ella a los campos aquella calurosa ma\u00f1ana un mes antes. Hab\u00eda estado haciendo de diplom\u00e1tica, sabiendo que si yo ofrec\u00eda p\u00fablicamente mi trabajo, las mujeres se sentir\u00edan obligadas a contribuir a mi versi\u00f3n <em>toubab<\/em> (persona blanca) de un cultivo comercial. Despu\u00e9s de todo mi mezquino enfado, mi madre de acogida me hab\u00eda ayudado a cultivar las relaciones de intercambio de regalos que hicieron que mis entrevistas tuvieran tanto \u00e9xito. A trav\u00e9s de una red de favores rec\u00edprocos que se tej\u00eda continuamente, estos aldeanos consegu\u00edan encontrar formas de poner el inter\u00e9s propio a trabajar por el bien com\u00fan. Ahora <em>eso<\/em> s\u00ed que era una empresa de base digna de contar.               <\/p>\n<h3>De nuevo en la carretera<\/h3>\n<p>Empaquetando mis maletas para volver a Dakar unas semanas m\u00e1s tarde, me encontr\u00e9 con una foto de las mujeres bailando en los campos que me record\u00f3 la grandeza de las lecciones que me llevar\u00eda a casa. El paradigma individualizado de ingresos con el que hab\u00eda llegado aqu\u00ed hab\u00eda oscurecido la lecci\u00f3n esencial de los aldeanos; su riqueza no estaba en las monedas de sus bolsillos. M\u00e1s bien, estaba contenida en su conocimiento de lo que significaba ser un jugador de equipo. Los pr\u00e9stamos de microfinanciaci\u00f3n, junto con cualquier otro proyecto de desarrollo, solo pod\u00edan entenderse en este contexto de solidaridad social. Mientras que mis supervisores de investigaci\u00f3n se preocupaban por c\u00f3mo los peque\u00f1os pr\u00e9stamos generaban ingresos personales, las prestatarias valoraban compartir el dinero que recib\u00edan con sus familiares y amigos. Era una elecci\u00f3n entre acumular ingresos individuales y construir riqueza comunitaria.     <\/p>\n<p>El desarrollo se invirti\u00f3 para m\u00ed. De vuelta en Occidente hab\u00eda un exceso de recursos materiales que, por cierto, compraban nuestro algod\u00f3n cosechado a un precio impensablemente bajo. Pero a pesar de que muchas de estas mujeres viv\u00edan con mucho menos de 1 d\u00f3lar al d\u00eda, no eran v\u00edctimas necesitadas bajo ning\u00fan est\u00e1ndar. En cambio, su calidad de vida era incuantificable y m\u00e1s dif\u00edcil de explicar. Me avergonzaba haber siquiera contemplado la idea de que los aldeanos eran \u201catrasados\u00bb. Los agricultores de subsistencia ciertamente ten\u00edan sus retos, pero su sistema de compartir era el m\u00e1s progresista y productivo que hab\u00eda.     <\/p>\n<p>Aunque mis esperanzas en las microfinanzas segu\u00edan atenuadas ante la deficiente infraestructura, como las carreteras, me centr\u00e9 en lo positivo. El proyecto de microfinanciaci\u00f3n que hab\u00eda venido a estudiar empleaba a j\u00f3venes como Mariama, la animadora del pueblo. Tambi\u00e9n creaba oportunidades para viajar a personas como yo. Aunque todav\u00eda no estaba segura de los beneficios financieros exactos para las mujeres participantes, tales proyectos abr\u00edan puertas para que personas de diferentes or\u00edgenes trabajaran juntas. Tal vez las mujeres lo dijeron mejor cuando nos presentaron el regalo que no apreciamos: valoraban el programa y deseaban que formara parte de sus vidas. Al menos una cosa estaba clara: no habr\u00eda cambiado mi experiencia por todas las riquezas del mundo. Ese tipo de empoderamiento simplemente no est\u00e1 a la venta.      <\/p>\n<p>Hasta el d\u00eda de hoy, la canci\u00f3n de las mujeres se hace eco del mensaje de que la deuda ordena la realidad social y que todo el mundo tiene algo que aportar. Sin embargo, algunos d\u00edas me preocupa que lo que estoy haciendo para devolver el favor a mis maestros no sea suficiente para la armon\u00eda que cultivaron en m\u00ed. Otros d\u00edas, esta frustraci\u00f3n act\u00faa como una fuerza productiva que me impulsa hacia adelante. As\u00ed que, en solidaridad con Niemenike, sus valientes mujeres y sus luchas, escribo esto sabiendo que las palabras solo pueden llegar hasta cierto punto cuando no van acompa\u00f1adas de la acci\u00f3n. A\u00fan as\u00ed, las palabras son un comienzo mientras busco mi pr\u00f3xima oportunidad para actuar.    <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Como de costumbre, fui la primera en llegar a la sede esa ma\u00f1ana en Dakar. 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