{"id":3117645,"date":"2008-01-01T00:00:39","date_gmt":"2008-01-01T05:00:39","guid":{"rendered":"https:\/\/www.friendsjournal.org\/campamento-cuaquero-madres-e-hijas-hablan-n-o-2\/"},"modified":"2008-01-01T00:00:39","modified_gmt":"2008-01-01T05:00:39","slug":"campamento-cuaquero-madres-e-hijas-hablan-n-o-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.friendsjournal.org\/es\/campamento-cuaquero-madres-e-hijas-hablan-n-o-2\/","title":{"rendered":"Campamento cu\u00e1quero: madres e hijas hablan (n.\u00ba 2)"},"content":{"rendered":"<h3>Sarah (madre)<\/h3>\n<p>No me crie en el cuaquerismo. Fue la educaci\u00f3n espiritual de mis hijos a trav\u00e9s de los programas de campamento de verano del Baltimore Yearly Meeting lo que, por defecto, ha sido m\u00edo. Comenz\u00f3 algo tard\u00edamente una tarde bochornosa de julio mientras caminaba por la soleada entrada de Camp Shiloh; tal vez siete u ocho a\u00f1os despu\u00e9s de que mis hijos comenzaran en el programa. Un espacio se abri\u00f3 dentro de m\u00ed y de repente <g id=\"gid_0\">lo entend\u00ed<\/g>. Entend\u00ed <em>por qu\u00e9<\/em> este era el lugar al que mi hija, llamando transatl\u00e1ntico con una voz delgada y decidida, hab\u00eda rogado volver a casa, el verano en que su vida se sent\u00eda fr\u00e1gil y su coraz\u00f3n en riesgo, el mismo espacio sagrado que mis j\u00f3venes hijos hab\u00edan convertido en el marcador de su a\u00f1o, medido en incrementos \u201cdesde el campamento\u00bb y \u201chasta que vuelva a llegar\u00bb.    <\/p>\n<p>Mientras paseaba por los terrenos de Camp Shiloh en esa sensual tarde de verano, comprend\u00ed el papel fundamental que hab\u00eda desempe\u00f1ado en el desarrollo de mi hija. Siempre valiente y talentosa, hab\u00eda llevado esas cualidades al campamento y las hab\u00eda puesto patas arriba. En el mundo competitivo en el que vivimos, siempre estaba destinada a tener \u00e9xito, pero aqu\u00ed aprendi\u00f3 a expandirse, a entregarse a la redoblada sinergia de la vida que este mundo temeroso nuestro disminuye.  <em>  (Sost\u00e9n lo que tengas cerca de tu pecho y prot\u00e9gelo con todo lo que vales).<\/em>  En Shiloh, mi hija vivi\u00f3 a lo grande, escal\u00f3 monta\u00f1as, acamp\u00f3 en la naturaleza, se enamor\u00f3 y desenamor\u00f3 de los amores m\u00e1s dulces y luego fue madre de sus propios campistas, creando para ellos las experiencias hermosas, desafiantes y reafirmantes que otros hab\u00edan so\u00f1ado para ella.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n vi los clich\u00e9s (convertidos en clich\u00e9s por su reiteraci\u00f3n en tantos folletos brillantes): <em>centrado en el ni\u00f1o; ecol\u00f3gico; aprendizaje experiencial; un entorno amoroso e inclusivo que honra y respeta los dones \u00fanicos de cada ni\u00f1o<\/em>, despeg\u00e1ndose directamente de la p\u00e1gina para vivir y respirar a mi alrededor tan libremente como los \u00e1rboles que ofrec\u00edan respiro de ese feroz sol de Virginia.<\/p>\n<p>La semana de mi epifan\u00eda fue la primera vez que hab\u00eda cocinado en el campamento, que hab\u00eda aceptado la oferta de sufragar los gastos de mis hijos a trav\u00e9s del servicio. Era una casilla en el formulario de solicitud que simplemente nunca hab\u00eda marcado.  \u00bfPor qu\u00e9? Porque siempre me hab\u00edan intimidado las \u201cmujeres que cocinan\u00bb, especialmente en y para grandes cantidades. Pero 24 horas despu\u00e9s de mi per\u00edodo de cocina, dej\u00e9 eso como equipaje innecesario: en cambio, descubr\u00ed la alegr\u00eda de cocinar buena comida para y con buena gente, la camarader\u00eda tambi\u00e9n de padres espl\u00e9ndidos y otra gente excelente, adem\u00e1s de una encantadora joven de 19 a\u00f1os que no ten\u00eda tiempo en su apretada agenda de verano para comprometerse a ser consejera, pero simplemente no pod\u00eda dejar pasar todo el asunto de Shiloh. Ella y yo terminamos una madrugada cocinando muffins de salvado para cien personas y cantando tantas melod\u00edas de espect\u00e1culos como nuestros cerebros somnolientos pudieron reunir, a capella y a todo pulm\u00f3n.  <\/p>\n<p>Al final de esa semana me di cuenta de que cocinar en cantidad no era una tarea m\u00e1s formidable que leer la receta y confiar en su sabidur\u00eda inherente. Incluso el equipo de cocina pesado no estaba exento de su m\u00ednimo de l\u00f3gica interna. Y siempre estaba el buen juicio de mis compa\u00f1eros para recurrir a \u00e9l, incluso en medio de una acalorada discusi\u00f3n sobre los pros y los contras de la educaci\u00f3n p\u00fablica, o alg\u00fan otro dilema convincente en nuestras vidas y las de nuestros hijos. El trabajo nunca fue tan satisfactorio ni tan simple.   <\/p>\n<p>Durante esa semana (y los subsiguientes sab\u00e1ticos de cocina de la vida en el carril r\u00e1pido salvaje y loco) vi a Shiloh convertirse en la misma piedra de toque para mis hijos que lo hab\u00eda sido para mi hija. En la c\u00faspide de su incipiente virilidad, el campamento ofreci\u00f3 un contrapunto a las parodias de masculinidad que ofrece nuestra sociedad impulsada por los medios. Aqu\u00ed los hombres no son violentos sino fuertes, no hipersexuales sino sensuales, no tensos sino de coraz\u00f3n tierno. Mi hijo de 14 a\u00f1os se gradu\u00f3 el a\u00f1o pasado, con m\u00fasculos duros despu\u00e9s de remar en canoa durante horas seguidas y caminar cientos de kil\u00f3metros, y a\u00fan m\u00e1s duro por soportar los ataques de una abeja mala y enojada. Sin embargo, en su ceremonia a la luz de las velas, donde se despidi\u00f3 de los j\u00f3venes y mujeres que lo hab\u00edan asesorado a trav\u00e9s de estos a\u00f1os m\u00e1s preciosos, su rostro adolescente se derriti\u00f3 en la calma angelical andr\u00f3gina que siempre ha sido suya. Y las l\u00e1grimas cayeron libremente. De qui\u00e9n no lo s\u00e9; No estuve all\u00ed para verlos. Mantuve mi distancia, pero sab\u00eda que seguramente los ten\u00edan.       <\/p>\n<p>Tambi\u00e9n he observado que mi hipervigilancia parental habitual se suaviza durante esas semanas, lo que me permite asimilar m\u00e1s plenamente las vidas de los dem\u00e1s. Esto fue en gran parte un cr\u00e9dito a los heroicos esfuerzos de los consejeros que asumen a esos ni\u00f1os como si fueran suyos. Los cocineros tuvimos el privilegio de ver esto de primera mano, de encontrarlos estrellados en los sof\u00e1s de la casa de descanso en sus d\u00edas libres, haciendo una lluvia de ideas sobre viajes y actividades para sus campistas en su cobertizo de una oficina, generalmente trabajando hasta un frenes\u00ed de creatividad, devoci\u00f3n y alegr\u00eda contagiosa. Tambi\u00e9n observ\u00e9 al ni\u00f1o gordito que lleg\u00f3 sinti\u00e9ndose tan obviamente tenso y fuera de lugar, relaj\u00e1ndose gradualmente hasta que una noche se puso un sarong y cuentas y, mientras otros tocaban el tambor y cantaban, bail\u00f3 con todo su coraz\u00f3n en sus mangas, girando y movi\u00e9ndose y dominando la pista.   <\/p>\n<p>Observ\u00e9 al amigo de mi hijo pasar de un \u201caspirante a duro\u00bb a ser el alma risue\u00f1a y tan arraigada que siempre ha sido en su esencia. Vi a j\u00f3venes adquirir el peso de la madurez y a otros mayores encogerse de hombros; Vi a adolescentes dejar su maquillaje en el lavabo y confiar en la belleza que sent\u00edan por dentro. Y vi al gigante de la energ\u00eda adolescente encontrarse con el silencio del bosque, y <g id=\"gid_0\">qu\u00e9 sabes<\/g> los dos pueden y se mezclan, por muy esc\u00e9pticos y temerosos que los adultos hastiados insistamos en seguir siendo. En nombre de la responsabilidad y la supervisi\u00f3n de los padres, hemos dejado de confiar en nuestros hijos y, en cierto modo, en la vida misma.   <\/p>\n<p>Hace unos 15 a\u00f1os, cuando dej\u00e9 a mi hija de diez a\u00f1os en el campamento por primera vez, estaba fuera de m\u00ed. \u201cQu\u00e9 buceo\u00bb, pens\u00e9. \u201c\u00bfD\u00f3nde est\u00e1n las instalaciones de \u00faltima generaci\u00f3n, el campo de tiro con arco, la piscina? No hay nada aqu\u00ed.\u00bb Ahora estoy profundamente agradecido por esa nada, porque de ella todo ha crecido.   <\/p>\n<h3>Ellie (hija)<\/h3>\n<p>Crec\u00ed en el vientre de una ciudad, rodeada de edificios de ladrillo rojo y fiestas de barrio, desfiles y protestas, disturbios raciales y radios piratas, pupusas de queso y poes\u00eda callejera. Todos estos sabores definitivamente ampliaron mi experiencia, abrieron mi mente a la diferencia, pero tambi\u00e9n crearon un capullo protector alrededor de mi alma que solo se despert\u00f3 verdaderamente cuando fui a las monta\u00f1as y comenc\u00e9 a habitar el cuaquerismo. <\/p>\n<p>Hoy en d\u00eda, los j\u00f3venes de entornos tanto urbanos como rurales est\u00e1n inmersos en una avalancha de im\u00e1genes y estimulantes, que atrofian nuestro propio crecimiento creativo. A medida que Internet nos conecta con Tokio en un instante desde nuestros propios tel\u00e9fonos m\u00f3viles, se podr\u00eda argumentar que estamos avanzando, que nuestro mundo est\u00e1 avanzando a trav\u00e9s de horizontes cibern\u00e9ticos. Sin embargo, este exceso de informaci\u00f3n tambi\u00e9n puede hinchar nuestras mentes, hasta el punto de que ya no tenemos tiempo para reaccionar y reflexionar sobre lo que estamos asimilando. A diferencia de mi abuela, que todav\u00eda le responde a la televisi\u00f3n, nos aturdimos f\u00e1cilmente para ser consumidores pasivos. Como plantas rociadas con fertilizante, podemos estar creciendo m\u00e1s altas y brillantes, pero nuestro suelo est\u00e1 siendo despojado de sus nutrientes, nuestra propia capacidad de brotar. Por lo tanto, es crucial que los j\u00f3venes escapen a las monta\u00f1as y respiren el aire fresco, y rueden en un poco de abono maloliente.     <\/p>\n<p>Comenzando cuando ten\u00eda diez a\u00f1os, empaqu\u00e9 mis maletas cada verano, llenas de disfraces y zapatos de arroyo, sombreros divertidos y esterillas para dormir, y sal\u00ed a la carretera hacia el valle de Shenandoah para el Campamento Cu\u00e1quero Shiloh. En el viaje siempre hubo ese momento emocionante en el que la carretera se curva y las crestas azules de repente se extienden hacia el horizonte. Y despu\u00e9s de un a\u00f1o de concentrarme en los plazos de las tareas, las pantallas y las revistas, mis ojos finalmente ampliaron su mirada y se relajaron en la imagen completa. Cruzar el puente hacia los campamentos y serpentear por el camino de grava siempre se sinti\u00f3 como un regreso a casa, trasplantado de baches urbanos y redes inform\u00e1ticas, de vuelta al suelo rico y h\u00famedo de Virginia. Al igual que las vides de kudzu que trepan y giran y se transforman en atrapasue\u00f1os y coronas para la cabeza, puedes vernos crecer.    <\/p>\n<p>En este espacio m\u00e1gico lleno de cerezos silvestres, arroyos de monta\u00f1a y gargantas rocosas, los j\u00f3venes se despojan de todas esas presiones sociales para conformarse. Nos presentamos con volteretas y realizamos parodias de equipos de trabajo provocando ataques de risa mientras transformamos el lavado mundano de platos en escapadas musicales. Reivindicamos nuestro derecho a jugar, una palabra que ya no est\u00e1 reservada para ni\u00f1os de cinco a\u00f1os, a medida que las comidas se convierten en desfiles de cocineros, b\u00fasquedas de tesoros de hojas de laurel y pud\u00edn de chocolate besado en nuestras mejillas. Sin embargo, estos derechos siempre se equilibran con las responsabilidades hacia la comunidad, ya que lamemos nuestros platos cantando nuestros residuos en sabrosas golosinas para nuestro mont\u00f3n de compost.   <\/p>\n<p>Nuestras mentes cargadas de informaci\u00f3n finalmente se atornillan de nuevo a nuestros cuerpos mientras escalamos monta\u00f1as, haciendo rimas, tom\u00e1ndonos nuestro tiempo para ver el mundo debajo de nuestros pies, chupando sasafr\u00e1s mientras tocamos largas briznas de hierba, tirando nuestras mochilas en la cima y retozando como si estuvi\u00e9ramos en la luna. Los j\u00f3venes necesitan espacio para explorar y crear y correr riesgos y ser rid\u00edculos, donde el pirag\u00fcismo se expande en aventuras piratas y el senderismo se engancha en celebraciones de disfraces. En el campamento, podemos correr estos riesgos porque sabemos que estamos seguros, nutridos por los ciclos de la naturaleza y por una comunidad donde sabemos que siempre tenemos un lugar.  <\/p>\n<p>El alboroto salvaje de nuestras aventuras se equilibra con la reflexi\u00f3n silenciosa de los Meetings. Reunidos en c\u00edrculo, con el sol moteado en nuestras mejillas y los insectos arrastr\u00e1ndose sobre nuestros pies, se pronuncian palabras sabias, relatando historias del sendero y el r\u00edo, de ese lugar dentro de nosotros que normalmente protegemos con los dientes apretados. Pero sin muros ni llamadas de juicio, las palabras fluyen hacia el universo, los \u00e1rboles desliz\u00e1ndolas alrededor de sus cuellos como relicarios mientras escuchamos y las colocamos de forma segura en nuestros bolsillos.  <\/p>\n<p>Los ciclos de la Tierra de tormentas el\u00e9ctricas en los techos de lona, una sequ\u00eda que nos hace recoger cubos del arroyo. El final de algo nunca fue el final; las transiciones se celebraron. Kudzu se convirti\u00f3 en coronas alrededor de nuestras cabezas, marcando nuestra graduaci\u00f3n, nuestro crecimiento. A los 15 a\u00f1os, pasando a Teen Adventure, donde durante tres semanas estuvimos en el camino, como caracoles llev\u00e1bamos todo lo que necesit\u00e1bamos en nuestras espaldas: tres camisas, dos pantalones cortos, un forro polar y una pila de deliciosa agua yodada. Despu\u00e9s de diez d\u00edas caminando arriba y abajo por la columna vertebral de los Apalaches, subimos al punto m\u00e1s alto de Virginia, envueltos en nubes; aramos senderos para el parque nacional; y jugamos a la etiqueta para despertar nuestra circulaci\u00f3n temblorosa. Aunque est\u00e1bamos empapados, tomando cucharadas de mantequilla de man\u00ed y tragos de aderezo para ensaladas, nuestros esp\u00edritus se mantuvieron calientes, y por la ma\u00f1ana el sol se abri\u00f3 paso. Durante una hora nos sentamos quietos y nos maravillamos de las colinas doradas, salpicadas de caballos salvajes y brezo p\u00farpura. Nuestros vientres se llenaron con esa sensaci\u00f3n bals\u00e1mica de ser parte de algo mucho m\u00e1s grande. Sentado en esa pared rocosa, me di cuenta de que, al haberme despojado de una simplicidad de ser en el mundo, donde ya no estaba definido por mis posesiones sino reconocido por mis interacciones, tambi\u00e9n gan\u00e9 la capacidad de ver una visi\u00f3n m\u00e1s amplia, una belleza m\u00e1s profunda nacida de las relaciones entre. Gan\u00e9 la capacidad de liderar dentro de una comunidad de l\u00edderes y escuchar los susurros y las voces \u00e1speras de los antepasados en los \u00e1rboles. Lecciones de vida que absorb\u00ed y luego vert\u00ed de nuevo en el campamento cuando me convert\u00ed en consejero, y compart\u00ed las llaves, y me re\u00ed entre dientes en la noche, cantando canciones, transmitiendo historias.          <\/p>\n<p>No sab\u00eda lo que era un cu\u00e1quero hasta que vine al campamento y lo viv\u00ed.<\/p>\n<p>El cuaquerismo no se puede explicar, abstraer, ya que es m\u00e1s bien un verbo: una forma de ser e interactuar con el mundo. En medio de la avalancha de presiones escolares, im\u00e1genes de modelos de waif y masacres iraqu\u00edes, es f\u00e1cil para los j\u00f3venes tent\u00e1culos espirituales envolverse dentro de s\u00ed mismos. En el campamento somos replantados en un entorno donde nuestras ra\u00edces pueden desplegarse, y las ramas crecen y bailan c\u00edrculos con el viento. Con esta base firme, nuestros tent\u00e1culos se liberan para explorar. Ya no aburridos, atrapados en un autom\u00f3vil, cautivados por estrellas de cine, nos vemos impulsados a establecer relaciones con el medio ambiente y entre nosotros. En el campamento hice amistades para toda la vida, descubr\u00ed los primeros amores y di largos abrazos a todos, a mis consejeros y luego a mis campistas. Cuando las cigarras de agosto comenzaron a perder sus voces, me ir\u00eda con esa sensaci\u00f3n de opresi\u00f3n en la garganta, pero siempre me sent\u00ed reconfortado de que no importa cu\u00e1n lejos me alejara, mi \u00f3rbita a trav\u00e9s del mundo me traer\u00eda de vuelta al centro, y la aventura comenzar\u00eda de nuevo.      <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Sarah (madre) No me crie en el cuaquerismo. 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