{"id":3117869,"date":"2009-03-01T00:00:50","date_gmt":"2009-03-01T05:00:50","guid":{"rendered":"https:\/\/www.friendsjournal.org\/escuchando-a-lincoln\/"},"modified":"2009-03-01T00:00:50","modified_gmt":"2009-03-01T05:00:50","slug":"escuchando-a-lincoln","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.friendsjournal.org\/es\/escuchando-a-lincoln\/","title":{"rendered":"Escuchando a Lincoln"},"content":{"rendered":"<blockquote><p>Esforc\u00e9monos por terminar la obra que tenemos entre manos, por vendar las heridas de la Naci\u00f3n, por cuidar de aquel que haya librado la batalla, de su viuda y de su hu\u00e9rfano.<br \/>\n\u2014Abraham Lincoln,<br \/>\nSegundo discurso inaugural,<br \/>\nS\u00e1bado, 4 de marzo de 1865<\/p><\/blockquote>\n<p>Casi siglo y medio despu\u00e9s de que las pronunciara, las palabras de Lincoln nos interpelan una vez m\u00e1s. Pero la naturaleza del combate ha cambiado. La l\u00ednea entre combatientes y civiles es difusa. El alcance de las armas supera lo que el ojo puede ver. Incluso los veh\u00edculos pesados de alta velocidad ofrecen poca protecci\u00f3n contra los artefactos explosivos improvisados (IED) y las granadas propulsadas por cohetes (RPG) dirigidas a sus puntos m\u00e1s vulnerables. Los IED, baratos y f\u00e1cilmente activados por un tel\u00e9fono m\u00f3vil, tienen potencia suficiente para dejar cr\u00e1teres del tama\u00f1o de un veh\u00edculo en el suelo, al tiempo que mezclan contaminantes infecciosos en el caldo de cultivo de las lesiones.     <\/p>\n<p>A diferencia de las enormes p\u00e9rdidas sufridas en la guerra del siglo pasado, cuando, a partir de la Primera Guerra Mundial, millones de j\u00f3venes simplemente nunca regresaron a sus hogares, hoy en d\u00eda muchos m\u00e1s combatientes estadounidenses regresan de la guerra. Cada vez son m\u00e1s los que sobreviven con terribles heridas: p\u00e9rdida de miembros, lesiones cerebrales traum\u00e1ticas, culpa que no se puede eliminar, una p\u00e9rdida del sentido de distinguir el bien del mal. La prensa hace un seguimiento de las v\u00edctimas mortales; sin embargo, la respuesta m\u00e1s r\u00e1pida de una atenci\u00f3n m\u00e9dica m\u00e1s cualificada significa que los que sufren lesiones que alteran la vida superan con creces a los que mueren. Mientras que alrededor del 40% de los heridos en la Segunda Guerra Mundial murieron y alrededor del 30% murieron en Vietnam, en Irak las muertes se han reducido al 10%.   <\/p>\n<p>Estamos aprendiendo desesperadamente a vendar heridas. Nuestra capacidad para evitar la muerte supera con creces nuestra capacidad para recuperar la salud. <\/p>\n<p>Una mujer que antes podr\u00eda haber sido una viuda afligida \u2014pero en \u00faltima instancia disponible para otra relaci\u00f3n satisfactoria\u2014 puede encontrarse ahora en un hospital militar en una ciudad extra\u00f1a, distante y cara, esperando para dar la bienvenida a casa a un extra\u00f1o mutilado. Est\u00e1 comenzando una carrera imprevista como cuidadora no remunerada, sobrecargada de trabajo, angustiada y de por vida en una vida que ahora est\u00e1 hecha un desastre. Su probable preparaci\u00f3n: poca educaci\u00f3n, un beb\u00e9 en camino y toda la sabidur\u00eda de 20 a\u00f1os.  <\/p>\n<p>Los ni\u00f1os quedan hu\u00e9rfanos, pero con mucha m\u00e1s frecuencia tienen un padre al que no reconocen. Estos descubrimientos no siempre se producen al regresar a casa. A menudo pueden retrasarse durante meses, interrumpiendo con un comportamiento inexplicable lo que todo el mundo esperaba que fuera un ajuste prolongado pero tranquilo. La concienciaci\u00f3n est\u00e1 calando lentamente, impulsada por las heridas invisibles del estr\u00e9s agudo de combate que a\u00fan persisten 40 a\u00f1os despu\u00e9s de la guerra de Vietnam. Y el combate sigue vomitando m\u00e1s heridos en Irak y Afganist\u00e1n. El combate ha cambiado; el trauma no.     <\/p>\n<p>El tiempo \u2014que antes pens\u00e1bamos que curaba todas las heridas\u2014 no lo hace.<\/p>\n<p>El jefe de despacho de evacuaci\u00f3n m\u00e9dica del Centro M\u00e9dico Naval de San Diego, donde llegan los heridos en combate procedentes de Irak y Afganist\u00e1n, dice: <em>No recuperas al que enviaste.<\/em> Los familiares de los supervivientes a\u00f1aden: <em>No sabes c\u00f3mo vivir con \u00e9l cuando llega aqu\u00ed.<\/em><\/p>\n<p>Y est\u00e1n llegando. Est\u00e1n de camino. Muchos est\u00e1n aqu\u00ed. Se calcula que el 20% de los 1,7 millones de hombres y mujeres que han rotado por Irak y Afganist\u00e1n ya han regresado, o est\u00e1n regresando a una tierra que puede que ya no les conozca. Estamos hablando de un tercio de mill\u00f3n de personas que regresan para establecerse entre nosotros. Eso es solo hasta ahora; hay m\u00e1s en camino. \u00bfVamos a decir que recibirlos es trabajo de otro?      <\/p>\n<p>El TEPT (<em>trastorno de estr\u00e9s postraum\u00e1tico<\/em>), que nos resulta familiar por su frecuente aparici\u00f3n en la prensa, es el t\u00e9rmino m\u00e1s reciente para lo que hace 150 a\u00f1os se llamaba <em>coraz\u00f3n de soldado<\/em>, hace 100 a\u00f1os <em>neurosis de guerra<\/em> y hace 40 a\u00f1os <em>fatiga de combate<\/em>. Pero TEPT es un t\u00e9rmino estigmatizador que los soldados e infantes de marina odian, rechazan y niegan absolutamente.  \u00bfPor qu\u00e9? Est\u00e1 cargado con el t\u00e9rmino \u201ctrastorno\u00bb, que implica una desadaptaci\u00f3n permanente que es incurable y permanentemente debilitante.<\/p>\n<p>A\u00fan peor, el t\u00e9rmino es capaz de implicar una condici\u00f3n innata completamente ajena al combate. El t\u00e9rmino preferible para sustituirlo es <em>lesi\u00f3n por estr\u00e9s de combate<\/em>. Nuestro conocimiento del estr\u00e9s ha cambiado radicalmente e \u201clesi\u00f3n\u00bb conserva la promesa de alguna recuperaci\u00f3n. Si no puedes hacer nada m\u00e1s, al menos reh\u00fasa usar el t\u00e9rmino <em>TEPT<\/em> y di, en cambio, <em>lesi\u00f3n por estr\u00e9s de combate<\/em>.   <\/p>\n<h3>Combate<\/h3>\n<p>Es casi imposible exagerar el complejo coste emocional del combate para aquellos que no lo han experimentado. Esto es lo que he aprendido de dos a\u00f1os de estrecha relaci\u00f3n con pacientes heridos que regresan y sus familias: <\/p>\n<p>El veterano de combate que regresa a casa no puede ver la vida cotidiana de la misma manera que antes. Ha mirado a la muerte a los ojos y la mirada permanece, todav\u00eda le persigue. <\/p>\n<p>Est\u00e1s de vuelta. Viniste en helic\u00f3ptero de evacuaci\u00f3n m\u00e9dica desde una zona de combate. Luego te detuviste en un hospital de primera clase en Landstuhl, Alemania, hasta que te estabilizaron para el viaje. Despu\u00e9s vino un largo viaje en transporte a\u00e9reo a uno de los tres hospitales de recepci\u00f3n en los EE.UU., probablemente en una ciudad extra\u00f1a lejos de casa. Tal vez el IED, que levant\u00f3 tu Humvee del suelo y te arroj\u00f3 fuera, mat\u00f3 a los que estaban a ambos lados de ti. Tal vez la persona que m\u00e1s respetabas en tu unidad fue herida de muerte y, a pesar de la excelente atenci\u00f3n recibida en el camino, muri\u00f3 en tus brazos. Te salvaste. Otros m\u00e1s experimentados o incluso m\u00e1s \u00fatiles para tu unidad que t\u00fa murieron. T\u00fa no.        <\/p>\n<p>O puede que hayas disparado a la figura sombr\u00eda en direcci\u00f3n a los disparos dirigidos a matarte, solo para descubrir m\u00e1s tarde que el objetivo al que alcanzaste era una ni\u00f1a de diez a\u00f1os que corr\u00eda a refugiarse.<\/p>\n<p>Sigues vivo t\u00fa mismo solo porque estabas extremadamente atento. Todo el tiempo. En la patrulla, y fuera de ella. No hab\u00eda matices sobre el intervalo de vida o muerte que has sobrevivido. Nada era \u201cun poco peligroso\u00bb o \u201ctal vez bien\u00bb. Todo era blanco o negro, amigo o enemigo. Mantenerse vivo depend\u00eda de esto. Sin hipervigilancia \u2014observaci\u00f3n constante y muy intensa\u2014 estabas perdido. Esa vigilancia te mantuvo vivo. No quieres renunciar a ella. No puedes.          <\/p>\n<p>La m\u00e1s m\u00ednima insinuaci\u00f3n de peligro pasado por alto podr\u00eda significar la muerte. Podr\u00edas sufrir una lesi\u00f3n mutilante: una mand\u00edbula destrozada, una rodilla hecha a\u00f1icos; eras zurdo, pero ese brazo y esa mano se han ido, o peor a\u00fan, son in\u00fatiles; o un ojo perdido para siempre junto con la percepci\u00f3n de la profundidad tan esencial para la actividad f\u00edsica vigorosa. La desfiguraci\u00f3n \u2014para un joven de 20 a\u00f1os quiz\u00e1s m\u00e1s temida que la muerte\u2014 podr\u00eda esperarte si te relajabas.  <\/p>\n<p>Este estado alimentado por la adrenalina, una vez iniciado, no se apaga f\u00e1cilmente. La empat\u00eda se ha desconectado. Las emociones por las que te identificas con los dem\u00e1s \u2014sus necesidades, su indefensi\u00f3n, su vulnerabilidad\u2014 se han liofilizado y dejado de lado. Sin embargo, la adrenalina que alimenta esta euforia y la mantiene viva sigue tan presente como el aire que respiras. Ya no tienes control de este voltaje energizante que galvaniza tu sistema.    <\/p>\n<p>La vida cotidiana en casa, mientras tanto, ahora parece tan insulsa como la avena siete d\u00edas seguidos en comparaci\u00f3n con tu desayuno favorito. La experiencia m\u00e1xima pasada de adrenalina bombeando en una situaci\u00f3n de vida o muerte simplemente no puede ser igualada. <\/p>\n<p>Y aqu\u00ed est\u00e1 la trampa: esta sensaci\u00f3n de vitalidad y poder del pasado no tiene conexi\u00f3n con el ahora, de vuelta a casa, el momento presente.<\/p>\n<p>Estos contrastes no se hacen evidentes de inmediato, sino que a menudo se hacen evidentes solo despu\u00e9s de un tiempo prolongado de reflexi\u00f3n. Esto podr\u00eda llevar a\u00f1os. Mientras tanto, el estado de hipervigilancia persiste, al igual que un sentido de la justicia escandalosamente v\u00edvido.  <\/p>\n<p>Estos j\u00f3venes \u201419, 20, 21\u2014 han tocado el \u201ctercer carril\u00bb de la vida, sobreviviendo al voltaje y la corriente que suele ser fatal para nosotros. Esa experiencia central del pasado sigue siendo inmediata, y <em>aqu\u00ed mismo ahora<\/em>. Comparado con eso, la vida cotidiana palidece, no engancha. La falta de \u201cjugo\u00bb de la vida cotidiana anhela adiciones que tienes que proporcionar.   <\/p>\n<p>En aquel entonces, no hab\u00eda tiempo para el duelo, para la disculpa, para el perd\u00f3n. No solo no era posible, sino que podr\u00eda haber sido fatal intentar dedicarle tiempo. Puede parecer que ahora hay tiempo para \u201cponerse al d\u00eda\u00bb, pero los h\u00e1bitos profundamente arraigados cruciales para la supervivencia todav\u00eda no dejan espacio para nada m\u00e1s.  <\/p>\n<p>La mayor\u00eda de los que han conocido el estr\u00e9s agudo de combate nunca lo admitir\u00e1n, nunca pedir\u00e1n ayuda. En cambio, un veterano de combate puede acudir a ti a trav\u00e9s de otra persona: un ser querido, el familiar de un colega, un miembro de la familia de un conocido casual. El primer paso de curaci\u00f3n es con esa persona de contacto; el mensajero necesita y merece ayuda.  <\/p>\n<p>Adem\u00e1s, es pr\u00e1cticamente imposible exagerar la fuerza de los lazos formados entre los camaradas que se enfrentan juntos al combate. Todos sabemos que las experiencias cumbre, cuando se comparten, duran mucho tiempo. Has confiado tu vida a otro. Arriesgar tu vida por un camarada y que \u00e9l lo haga por ti forja lazos que a menudo son m\u00e1s fuertes que los que tienes con la familia. No es inusual que un veterano herido, reci\u00e9n regresado a la familia que ama, decida abruptamente irse por un tiempo para ver y ayudar a un compa\u00f1ero con el que se enfrent\u00f3 a la muerte y que ahora pide ayuda.    <\/p>\n<h3>Estr\u00e9s<\/h3>\n<p>El reconocimiento de estas heridas invisibles ha ayudado a provocar una reconsideraci\u00f3n del significado del estr\u00e9s en s\u00ed mismo. Ahora se eval\u00faa en un continuo de gravedad del est\u00edmulo, reconociendo que todo el mundo se enfrenta al estr\u00e9s, y la medici\u00f3n por grados abre el camino no solo a la recuperaci\u00f3n, sino a la esperanza que la hace posible. <\/p>\n<p>Las lesiones por estr\u00e9s son lesiones literales que implican una p\u00e9rdida de centramiento y una p\u00e9rdida de funci\u00f3n. Muestras, pruebas e informes repetidos muestran que el 20% de los desplegados mostrar\u00e1n su efecto. Las lesiones por estr\u00e9s s\u00ed provocan una respuesta curativa protectora, pero las lesiones no se pueden deshacer. Incluyen lesiones morales compuestas de remordimiento, culpa, verg\u00fcenza, desorientaci\u00f3n y alienaci\u00f3n del resto de la comunidad moral.   <\/p>\n<p>Es importante no confundir la lesi\u00f3n por estr\u00e9s de combate con la <em>lesi\u00f3n cerebral traum\u00e1tica<\/em> (TBI) \u2014com\u00fanmente conocida como conmoci\u00f3n cerebral: la lesi\u00f3n resultante de un golpe poderoso en el cr\u00e1neo que mueve y sacude el cerebro encerrado. Sus s\u00edntomas a menudo se superponen parcialmente. Los s\u00edntomas de la lesi\u00f3n por estr\u00e9s de combate del estr\u00e9s agudo de combate, sin embargo, se distinguen de la TBI (aunque ambos podr\u00edan haber ocurrido) por la evitaci\u00f3n, el entumecimiento emocional y los s\u00edntomas de hiperactivaci\u00f3n emocional.  <\/p>\n<h3>Lesi\u00f3n<\/h3>\n<p>\u00bfCu\u00e1les son las lesiones causadas por el estr\u00e9s de combate? Destroza las suposiciones y creencias sobre la seguridad, la justicia y la identidad. Pone en peligro el sentido de control de uno mismo. La vida se ha acabado o no puede durar mucho m\u00e1s. El futuro no son a\u00f1os, son d\u00edas u horas, incluso menos. Nosotros y nuestro mundo nos convertimos en extra\u00f1os para aquellos con estr\u00e9s agudo de combate, ya que el trauma amenaza lo esencial que constituye el yo.     <\/p>\n<p>El estr\u00e9s agudo de combate hace que una v\u00edctima sea vulnerable a los acontecimientos de la vida cotidiana que pueden desencadenar el recuerdo del trauma. Un sabor, una fragancia, las primeras notas de una canci\u00f3n popular pueden transportarnos r\u00e1pidamente a cualquiera de nosotros a un tiempo anterior. De esta manera, una forma, una configuraci\u00f3n, un olor, un sonido pueden enviar a la v\u00edctima de estr\u00e9s de combate de vuelta al escenario de guerra que pensaba que hab\u00eda dejado atr\u00e1s.  <\/p>\n<p>Adem\u00e1s, las capacidades curativas del cuerpo estimulan los repetidos recuerdos y la reviviscencia del evento como un intento at\u00e1vico de \u201carreglar\u00bb o \u201creparar\u00bb algo del pasado, algo que permanece roto.<\/p>\n<p>La lesi\u00f3n puede tomar la forma de culpa, que podr\u00eda tener muchas fuentes: responsabilidad por bajas accidentales estadounidenses o civiles, conducir sin detenerse despu\u00e9s de que un peat\u00f3n se interpusiera delante de un veh\u00edculo militar, ignorar y dejar atr\u00e1s \u2014como requer\u00eda una misi\u00f3n\u2014 a un civil herido accidentalmente, violaci\u00f3n de un pacto o acuerdo personal para cubrir la espalda de otro, ser el \u00fanico superviviente de una explosi\u00f3n que mat\u00f3 a tus superiores y a tus amigos.<\/p>\n<p>La experiencia que emerge de aquellos que comparten entre s\u00ed sus relatos de combate es que la curaci\u00f3n puede requerir no semanas o meses, sino a\u00f1os. En esta mezcla compleja y persistente, el miedo y la ansiedad pueden combinarse con la ira, la rabia, la culpa, la verg\u00fcenza, la tristeza y la p\u00e9rdida, lo que resulta en una profunda sensaci\u00f3n de traici\u00f3n, el derrumbamiento de las creencias, la desconexi\u00f3n extrema y la lesi\u00f3n moral aguda. El car\u00e1cter que podemos haber pensado bien establecido se enfrenta a amenazas a las suposiciones sobre el bien y el mal, la toma de decisiones y la actuaci\u00f3n. El mismo sentido de conexi\u00f3n con cualquier persona que no sea la propia unidad est\u00e1 bajo asalto.   <\/p>\n<p>Las lesiones no desaparecen. Cuarenta a\u00f1os despu\u00e9s de la guerra de Vietnam, un tercio de los que conocieron el combate todav\u00eda tienen lesi\u00f3n por estr\u00e9s de combate. La Administraci\u00f3n de Veteranos informa de que el intervalo medio entre la exposici\u00f3n y la b\u00fasqueda de tratamiento es de diez a\u00f1os. (No es un error de imprenta: <em>diez a\u00f1os<\/em>).   <\/p>\n<p>Un resumen de los criterios del Manual Diagn\u00f3stico Sintom\u00e1tico (DSM-IV) de la Asociaci\u00f3n Americana de Psiquiatr\u00eda para el TEPT (que todos estamos intentando, en cambio, llamar lesi\u00f3n por estr\u00e9s de combate) revela estas caracter\u00edsticas esenciales:<\/p>\n<ul>\n<li><em>Exposici\u00f3n<\/em> a un evento o amenaza de muerte o lesi\u00f3n grave con una respuesta de miedo intenso, indefensi\u00f3n u horror<\/li>\n<li><em>Reexperimentaci\u00f3n<\/em> persistente del evento, <em>evitaci\u00f3n<\/em> de est\u00edmulos asociados con el trauma y un <em>entumecimiento<\/em> de la capacidad de respuesta general<\/li>\n<li>S\u00edntomas continuos de <em>aumento de la excitaci\u00f3n emocional<\/em> no presentes antes del trauma<\/li>\n<\/ul>\n<p>En una cultura militar compuesta de honor, valor y deber, el estigma asociado con la admisi\u00f3n de tales s\u00edntomas o la b\u00fasqueda de tratamiento para ellos tiene un poder abrumador. La etiqueta TEPT, especialmente la D de <g id=\"gid_0\">trastorno<\/g> y su implicaci\u00f3n de debilidad permanente, ocasiona un miedo generalizado entre los soldados e infantes de marina heridos: que nunca obtendr\u00e1n el empleo civil \u00fatil que buscar\u00e1n despu\u00e9s de la baja si el TEPT <g id=\"gid_1\">alguna vez<\/g> aparece en sus registros de personal. Los servicios armados trabajan duro para eliminar este estigma, pero permanece vivo y vital en los rumores que tan a menudo gu\u00edan las decisiones.  <\/p>\n<h3>Hacia la recuperaci\u00f3n: nuestro papel<\/h3>\n<p>No hay suficientes profesionales para responder al n\u00famero de pacientes. El resto de nosotros nos encontraremos en posiciones de respuesta potencial. El elemento m\u00e1s fuerte que podemos proporcionar fuera de los c\u00edrculos militares para ayudar a la recuperaci\u00f3n es el apoyo social. Ese es el caso <em>si<\/em> podemos ser imparciales \u2014<em>si<\/em> estamos dispuestos a escuchar, tal vez podamos establecer una relaci\u00f3n de confianza y afecto que haga que sea seguro para un veterano de combate hablar. Sin embargo, no nos sentiremos c\u00f3modos con lo que o\u00edmos. Puede que deseemos no habernos ofrecido nunca a escuchar. Nos sentiremos muy tentados de hacer la sesi\u00f3n mucho m\u00e1s corta de lo que el orador anhela. Pero hay una conexi\u00f3n que surge de la intimidad sin prejuicios. Poner palabras al estr\u00e9s puede hacerlo m\u00e1s manejable, haciendo posible que aprendamos a manejarlo.        <\/p>\n<p>De hecho, si podemos reconocer la presencia espiritual de testigos en nuestras <em>propias<\/em> vidas, podemos trabajar para invocar esto en <em>otros<\/em> como una presencia curativa. Sabemos que hay personas y figuras hist\u00f3ricas cuya gu\u00eda y afirmaci\u00f3n nos han hecho quienes somos. Es posible que estos valientes j\u00f3venes de unos 20 a\u00f1os no hayan tenido ocasi\u00f3n de revisar el enorme poder de aquellos otros que les han moldeado.  <\/p>\n<p>Durante a\u00f1os hemos construido h\u00e1bitos sobre sentirnos indefensos y desesperanzados con respecto a esta guerra. Tales h\u00e1bitos son terriblemente dif\u00edciles de cambiar. Si te sientes impotente para cuidar de aquellos que han \u201clibrado la batalla\u00bb, recuerda que <em>impotente<\/em> es precisamente el agujero del que tienes que salir para empezar.  <\/p>\n<p>La impotencia tiene tres grandes aliados. Uno es la pereza, directamente de la alineaci\u00f3n de los siete pecados capitales. Su lema: el ma\u00f1ana supera al hoy. El siguiente es la comunalizaci\u00f3n. Casi todo el mundo que conocemos se siente tan impotente como nosotros. El instinto de reba\u00f1o permanece. El n\u00famero tres es esa convicci\u00f3n generalizada enmarcada como la pregunta, \u00bfqu\u00e9 diferencia puede hacer una persona?      <\/p>\n<p>Aqu\u00ed hay tres obst\u00e1culos que he encontrado que tenemos que evitar. Primero, tenemos que dejar de pensar en nosotros mismos. Segundo, tenemos que dejar de pensar en lo que <em>no<\/em> podemos hacer. Tercero, tenemos que mantener a raya el miedo que sentimos naturalmente al entrar en lo desconocido.   <\/p>\n<p>Deja de hacer estas cosas y te sentir\u00e1s desorientado, d\u00e9bil y asustado, pero, cr\u00e9elo o no, estar\u00e1s ah\u00ed, listo para empezar. Este es un excelente punto de partida desde el cual te sentir\u00e1s menos inclinado a juzgar o culpar. Ad\u00e9ntrate en lo que alimenta tu compasi\u00f3n y utiliza las cinco C de COSFA, el acr\u00f3nimo de Primeros Auxilios Operacionales de Combate aprobados por el ej\u00e9rcito, como tu hoja de ruta. Proporciona <em>cobertura<\/em>: aseg\u00farate de que el veterano se sienta seguro contigo. Fomenta la <em>calma<\/em>: reduce la ansiedad o la alta excitaci\u00f3n, o las emociones entumecedoras. Aumenta la <em>capacidad<\/em>: para creer en las propias capacidades y regular los propios pensamientos, emociones y comportamiento. Enciende la <em>confianza<\/em>: mostrando y estimulando expectativas positivas sobre la vida y uno mismo. Y fortalece la <em>conexi\u00f3n<\/em>: intentando establecer relaciones que fortalezcan la resoluci\u00f3n de problemas y ayuden a reducir la culpa y la verg\u00fcenza. Solo recuerda que es posible que tengas que escuchar m\u00e1s tiempo del que deseas, <em>y<\/em> probablemente te ofendas por lo que escuches.        <\/p>\n<p>Estas cinco C forman adem\u00e1s la base de un lenguaje que puede ser mutuamente \u00fatil entre militares, personal m\u00e9dico y cuidadores civiles que luchan por encontrar un terreno com\u00fan para hablar entre ellos.<\/p>\n<h3>Lo que no se debe hacer<\/h3>\n<p>En cuanto al lenguaje, aqu\u00ed hay algunas cosas que <g id=\"gid_0\">no<\/g> se deben decir: Hablar de \u201capoyo a nuestras tropas\u00bb; \u201c\u00bfMataste a alguien?\u00bb; \u201cEs hora de seguir adelante\u00bb; \u201cIntentemos volver a la normalidad\u00bb ( <em>La vida ha cambiado para siempre, olv\u00eddate de cualquier regreso a la \u201cnormalidad\u00bb<\/em>); \u201cNo creo que tengamos tiempo para seguir con esto, lo retomaremos en otro momento\u00bb; \u201cUnas veces se gana, otras se pierde\u00bb; \u201cS\u00e9 lo que quieres decir\u00bb; \u201c\u00bfC\u00f3mo pudiste haber hecho algo as\u00ed?\u00bb; \u201cTodo va a estar bien\u00bb; \u201c\u00bfCu\u00e1ntas veces tengo que dec\u00edrtelo? No deber\u00edas haber ido.\u00bb <\/p>\n<h3>Encontrar significado<\/h3>\n<p>Todos nosotros a\u00f1adimos significado a nuestras vidas organizando nuestras experiencias en narrativas. Todos necesitamos hacer esto sobre nuestras trayectorias de vida. Aquellos heridos por lesiones de estr\u00e9s de combate tejen narrativas que a menudo revelan una p\u00e9rdida de fe. M\u00e1s de la mitad de los veteranos de combate entrevistados que regresan de Irak y Afganist\u00e1n informan de esta p\u00e9rdida. M\u00e1s de la mitad siente que Dios les est\u00e1 castigando por pecados o falta de espiritualidad. La mitad se pregunta si Dios les ha abandonado. La falta de perd\u00f3n es abrumadora. Las investigaciones demuestran que m\u00e1s de tres cuartas partes no se han perdonado a s\u00ed mismos ni a los dem\u00e1s. La rabia y la ira por las lesiones de estr\u00e9s de combate a menudo no se dirigen a los dem\u00e1s, sino a Dios.        <\/p>\n<p>David W. Foy, el respetado director de un programa residencial de tratamiento del TEPT de 60 d\u00edas, informa de que los principales problemas espirituales que deben abordarse son los siguientes:<\/p>\n<p><em>Sufrimiento:<\/em> \u00bfPor qu\u00e9 Dios permite que sufran los inocentes?<\/p>\n<p><em>Perd\u00f3n:<\/em> \u00bfC\u00f3mo podemos perdonar, es decir, lograr renunciar al derecho al resentimiento cuando nosotros u otros hemos sido perjudicados?<\/p>\n<p><em>Significado:<\/em> \u00bfQu\u00e9 puedo hacer para fortalecer la percepci\u00f3n y la interpretaci\u00f3n para dar forma a mi historia y dar sentido a mi vida?<\/p>\n<h3>Nosotros<\/h3>\n<p>El combate no ha terminado. El n\u00famero de heridos es mayor de lo que sabemos. Los que regresan van a estar m\u00e1s cerca de nosotros de lo que creemos, a trav\u00e9s de amigos, asociados, incluso familiares. Las lesiones son profundas, siniestras y duraderas. Las heridas supuran, sangran e infectan. Son invisibles, pero tienen un poder dr\u00e1stico. Si est\u00e1s llamado a \u201cesforzarte por terminar la obra en la que estamos\u00bb, recuerda que es <em>nuestra guerra<\/em>, no <em>su guerra<\/em>. Los que han entrado en batalla lo han hecho para cumplir fielmente las \u00f3rdenes de los funcionarios que hemos puesto en el cargo y mantenido all\u00ed. Cualquiera que sea tu rabia por el despilfarro y la carnicer\u00eda de esta guerra, aquellos que han soportado la batalla no merecen la culpa por lo que hicieron al servicio de su pa\u00eds: <em>nuestro<\/em> pa\u00eds.        <\/p>\n<p>Terminar la obra en la que estamos probablemente tomar\u00e1 al menos las pr\u00f3ximas dos generaciones. Nada de lo que t\u00fa o yo hagamos lograr\u00e1 nada r\u00e1pidamente. Los recordatorios de la decisi\u00f3n de emprender esta guerra y los triunfos de la pr\u00e1ctica m\u00e9dica avanzada estar\u00e1n entre nosotros durante los pr\u00f3ximos 50 a\u00f1os.  <\/p>\n<p>Mi temor es que estemos lamentablemente desprevenidos para afrontar la existencia durante un par de generaciones de muchos monumentos andantes a la locura de esta guerra entre nosotros, de modo que la guerra y sus consecuencias se retiren al trasfondo de nuestra conciencia colectiva. Temo que la presencia de hombres y mujeres aparentemente sanos e incapaces de realizar tareas b\u00e1sicas de higiene, cumplimiento de horarios, registro de memoria y obligaci\u00f3n de tareas en el trabajo o en casa les convierta en el blanco del resentimiento, el desd\u00e9n y la culpa. <\/p>\n<p>La verdad desagradable sobre la que no me atrev\u00ed a escribir en mi ensayo anterior (\u201cVerdades desagradables\u00bb, <em>FJ<\/em> Sept. 2007) era enfrentarse a la admisi\u00f3n de que en medio de la noche, despu\u00e9s de un d\u00eda terriblemente agotador de proporcionar cuidados y sin perspectivas de ning\u00fan tipo de mejora por parte del paciente discapacitado que \u201csobrevivi\u00f3\u00bb a la guerra, surge la pregunta sobre el ser querido: \u00bfNo habr\u00eda sido mejor que hubiera muerto a que volviera a casa tan lisiado, indefenso e irreconocible como est\u00e1? La rabia se va a desatar a medida que esta pregunta cobre fuerza. <\/p>\n<p>Podemos decir \u201c\u00a1Qu\u00e9 l\u00e1stima!\u00bb. Podemos sacudir la cabeza con desesperaci\u00f3n. Podemos intentar cerrar los ojos e ignorar a los varios cientos de miles que afectar\u00e1n a la vida de todos los que les rodean. O podemos dejar que estas circunstancias nos pregunten con el aguij\u00f3n y el poder provocador impulsado por las preguntas inspiradas en los cu\u00e1queros:   <\/p>\n<ul>\n<li>\u00bfC\u00f3mo podemos aprovechar las oportunidades para ofrecer tiempo, atenci\u00f3n y apoyo para fortalecer a los cuidadores silenciosos que brindan cuidados heroicos a sus seres queridos heridos?<\/li>\n<li>\u00bfC\u00f3mo podemos obtener el valor para instar a familiares y amigos a que sean conscientes de los signos de estr\u00e9s de combate entre aquellos que encontramos entre los veteranos, o los cuidadores en el trabajo, o mientras viajamos, o escuchamos en un sal\u00f3n de belleza, bar o cafeter\u00eda?<\/li>\n<li>\u00bfQu\u00e9 podemos hacer para estar m\u00e1s atentos y alertas a las formas en que podemos formar parte de los recursos que nos ayudar\u00e1n a vendar las heridas?<\/li>\n<li>\u00bfC\u00f3mo podemos ayudarnos unos a otros a liberarnos de los pensamientos sobre nosotros mismos, sobre lo que <em>no<\/em> podemos hacer, sobre nuestro miedo a entrar en lo desconocido, que encadenan cualquier impulso de ofrecer ayuda a los heridos invisibles?<\/li>\n<li>\u00bfQu\u00e9 nos ayudar\u00e1 a cambiar el sacudir la cabeza por el estrechar la mano, y la impotencia por la ayuda?<\/li>\n<li>\u00bfC\u00f3mo podemos responder al epitafio de George Fox, <em>Dejad que vuestras vidas hablen<\/em>, cuando nos enfrentamos a \u201c\u00bfQu\u00e9 puede hacer una sola persona?\u00bb?<\/li>\n<li>\u00bfQu\u00e9 nos impide ver que vendar estas heridas invisibles no es simplemente una tarea para los profesionales, sino que es de hecho el trabajo en el que todos estamos?<\/li>\n<\/ul>\n<p>Casi un siglo y medio despu\u00e9s, las palabras de Lincoln nos llaman una vez m\u00e1s.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Esforc\u00e9monos por terminar la obra que tenemos entre manos, por vendar las heridas de la Naci\u00f3n, por cuidar de aquel&hellip;<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"footnotes":""},"categories":[9799],"tags":[11518,10863,10762,11494],"fpb_issue_category":[],"class_list":["post-3117869","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-cronicas","tag-actividades-por-la-paz","tag-historia","tag-salud","tag-sanacion"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v27.8 - 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