Los ceses al fuego rara vez duran,
Pero las maravillas nunca cesan.
Y he oído que una vez, en Nochebuena
Los combatientes dejaron sus trincheras de alambre de espino
Para jugar al fútbol y dar una serenata con Stille Nacht
En esa Noche de Paz tan rara.
En el oscuro y cerrado vientre, un bebé se balancea,
Los ojos perciben solo fantasmas plumosos,
Los oídos oyen solo susurros lejanos,
Aún sin formarse en amigo o enemigo.
¿Qué encontrará esta niña a su llegada?
¿Encenderán las bengalas un camino hacia la ruina de su enemigo?
¿O afrontará una vigorosa tregua
Con adversarios listos para hacerle daño,
Y practicará una tranquilidad absoluta
Hasta que todos depongan sus armas?


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