Comité de Servicio de Los Amigos Americanos en América Latina

Intercambios de semillas criollas y nativas en Sonsonate, El Salvador, 2023. Fotos cortesía del autor.

En 1927, un grupo de cuatro cuáqueros —entre ellos una mujer— del Comité de Servicio de Los Amigos Americanos (AFSC, por sus siglas en inglés) emprendió una expedición a Nicaragua en medio de un conflicto marcado por la intervención militar estadounidense. Ese mismo año, Augusto C. Sandino, líder militar revolucionario liberal, tomó las armas en oposición al Pacto del Espino Negro, un pacto que consolidó la presencia militar estadounidense en territorio nicaragüense y cambió el rumbo político del país.

Los cuáqueros viajaron a Nicaragua con el objetivo de mediar entre Sandino y las fuerzas militares estadounidenses, buscando la retirada de esas fuerzas para evitar más pérdidas de vidas. No lograron establecer un diálogo directo con Sandino (quien luchó de 1927 a 1933), aunque sí consiguieron conectar con miembros cercanos de su familia. Los principales obstáculos provinieron de representantes diplomáticos y militares estadounidenses, quienes les dijeron que su intervención «solo causaría más problemas». El grupo cuáquero concluyó que cuanto más tiempo permanecieran los Estados Unidos en Nicaragua, más complicada se volvería la situación política. Así comienza la historia del AFSC en América Latina.

Han pasado casi 100 años desde esa primera incursión en la región, y el AFSC continúa luchando contra el intervencionismo estadounidense: soñando y construyendo una paz motivada por la esperanza de un mundo más justo y equitativo. Esta esperanza se inspira en la creencia de que el amor puede transformar tanto a las personas como a los sistemas injustos.

Escuela Agroecológica de Mujeres, 2023.

El trabajo del AFSC en la región ha sido diverso, tanto en términos geográficos como en los temas abordados. La organización ha trabajado en Colombia, Ecuador, Chile, Perú, Brasil, Argentina, Costa Rica, Nicaragua, El Salvador, Honduras, Guatemala, México, Cuba y Haití, y ha realizado contribuciones significativas en diferentes momentos de la historia. Desde 1939, estos esfuerzos han incluido la creación de clínicas, campañas de vacunación y salud, construcción de escuelas y promoción de proyectos agrícolas.

En contextos complejos, el AFSC ha demostrado versatilidad en sus adaptaciones y contribuciones a la transformación. En el pasado, por ejemplo, trabajamos con jóvenes involucrados en pandillas (maras) y otros grupos violentos en Colombia, Perú, México, Nicaragua, El Salvador y Guatemala. Con ellos, creamos espacios de diálogo, mediación, objeción de conciencia, justicia restaurativa y otras actividades orientadas hacia la paz.

Nuestro enfoque ha contribuido al desarrollo de liderazgos, la organización comunitaria y el fortalecimiento de redes tanto dentro de los países como a nivel regional. Por ejemplo, el AFSC desempeñó un papel clave en Colombia en la creación de la Coalición contra el Uso de Niños, Niñas y Jóvenes en el Conflicto Armado y en el establecimiento de un comité interinstitucional contra las fumigaciones aéreas que perjudicaban la salud de las mujeres. Entre 1996 y 2001, también apoyamos redes de pueblos indígenas y afrodescendientes para garantizar una participación efectiva en la Conferencia Mundial contra el Racismo. Fieles a nuestros orígenes, apoyamos a centroamericanos afectados por el huracán Mitch, así como por conflictos armados; contribuimos a fortalecer la sociedad civil para oponerse a la injerencia estadounidense en la región; y promovimos la creación de redes de migrantes, desplazados internos y refugiados. Al mismo tiempo, la información generada a través de nuestra presencia en el terreno se convirtió en un aporte vital para movimientos en los Estados Unidos que se oponían a las guerras promovidas por ese país.

Como muestra este breve recorrido, el AFSC siempre ha estado junto a las comunidades, los movimientos sociales, los jóvenes y las mujeres por su derecho a vivir en paz, reconociendo su diversidad y la Luz Divina en cada persona. Para ello, el AFSC ha desafiado las políticas colonialistas del gobierno estadounidense mediante la diplomacia silenciosa y, lo que es más importante, construyendo confianza basada en el respeto y la convicción de que nuestro conocimiento es incompleto. Invertimos en fortalecer liderazgos y movimientos de base arraigados en la experiencia vivida, operando con convicción y sin buscar protagonismo. Estos valores y raíces nos mantienen firmes y continúan inspirando nuestro trabajo hoy.

El contexto latinoamericano actual está marcado por una creciente desigualdad y diversas formas de violencia que afectan desproporcionadamente a quienes históricamente han sido excluidos de tener voz política: niños, mujeres, pueblos indígenas, poblaciones afrodescendientes, migrantes, personas de diversas identidades sexuales, personas con discapacidad y otros.

Las brechas sociales se profundizan por la extracción de recursos naturales y conocimientos, el crimen organizado, la militarización de la seguridad pública, la externalización de fronteras, la explotación laboral, la concentración de la riqueza, la privatización de servicios públicos (salud y educación), el populismo y el debilitamiento de las instituciones democráticas.

El AFSC se ha comprometido a abordar algunos de estos sistemas de exclusión. En Guatemala y El Salvador, acompañamos a comunidades y colectivos de mujeres en sus luchas por la autodeterminación y el acceso a derechos.

Desde 2023 en Petén, Guatemala, hemos apoyado a comunidades multiculturales en el fortalecimiento del liderazgo local, para que las personas puedan permanecer en sus tierras; detener los desalojos y la criminalización; y lograr que se reconozcan sus modelos de desarrollo, que se basan en prácticas de conservación. En palabras de Cándido, un miembro de la comunidad, nuestro apoyo ha sido clave para su lucha con y reconocimiento por parte del Estado guatemalteco.

En Morazán y Sonsonate, El Salvador, cientos de mujeres han participado en capacitaciones sobre prácticas agroecológicas, lo que les ha permitido producir sus propios alimentos y generar ingresos, contribuyendo así a la soberanía alimentaria y la autonomía de las mujeres.

También se han promovido fondos comunitarios de ahorro, que permiten a las mujeres acceder a pequeños préstamos para sostener sus emprendimientos. Al mismo tiempo, estas mujeres participan en procesos de formación en liderazgo y derechos humanos. Todo esto se realiza en alianza con la Asociación Nuevo Amanecer de El Salvador (ANADES). En los últimos tres años, el trabajo se ha expandido de dos a 15 comunidades y alcanza a más de 450 personas, la mayoría de ellas mujeres.

Intercambios de semillas criollas y nativas en Sonsonate, El Salvador, 2023.

Isabel Munguía es una agricultora de 48 años que vive en Palo Verde (San Julián, Sonsonate) con su esposo e hija, y es ampliamente reconocida por su liderazgo comunitario. Isabel forma parte de un colectivo de mujeres, un fondo comunitario de ahorro y crédito, y una cooperativa. En su vida diaria, cultiva hortalizas, cuida su apiario, conserva semillas nativas y aplica prácticas agroecológicas para enfrentar el cambio climático. Uno de los desafíos que enfrenta es la escasez de agua, que afecta su producción y economía familiar.

Desde 2022, ha participado en procesos apoyados por el AFSC y ANADES, lo que ha fortalecido su formación política y herramientas para la defensa de derechos. Junto con otras mujeres, ha construido espacios organizativos y económicos que brindan crédito accesible y promueven la producción colectiva, incluso compartiendo su tierra con otras. Como ella dice: «Hoy me siento una mujer empoderada… ahora decidimos sobre nuestros ingresos y nuestras vidas». Su experiencia muestra cómo la organización comunitaria amplía el ejercicio de derechos y construye alternativas dignas de vida en el territorio.

Intercambio de semillas y conocimientos, Torola Morazán, El Salvador, 2024.

En el AFSC, creemos firmemente que las personas en movimiento tienen derecho a decidir dónde vivir y a tener acceso a derechos y dignidad. Este principio básico se viola sistemáticamente en el contexto actual. Es necesario fortalecer los sistemas de asistencia y protección nacionales e internacionales, así como confrontar políticas y prácticas crueles que deshumanizan a las personas en migración forzada.

Con este fin, el AFSC trabaja junto a organizaciones y albergues en México, Guatemala y El Salvador. En Guatemala, se creó una Comunidad de Aprendizaje sobre migración de retorno con ocho organizaciones locales para promover el intercambio de prácticas y fortalecer capacidades para la reintegración integral.

En El Salvador, en alianza con el Centro de Integración de Trabajadores Migrantes (CIMITRA), estamos apoyando la formación de comités de personas retornadas y la creación de la primera red nacional de personas retornadas. Nuestro objetivo es dotarlas de herramientas para reintegrarse en las comunidades, fortalecer el liderazgo y liderar su propia incidencia por los derechos.

En Tijuana, México, el AFSC ha liderado la creación de la Red para la Defensa y Atención Integral de Migrantes (REDAIM), la primera red que reúne a albergues y organizaciones locales para definir una agenda compartida de incidencia, centrada en la asistencia humanitaria, la inclusión económica y el acceso a sistemas de protección.

El AFSC busca transformar sistemas de opresión al tiempo que honra su tradición de actuar cuando las vidas y la integridad de las comunidades están amenazadas en emergencias.

En enero de 2025, Donald Trump comenzó su segundo mandato como presidente de los Estados Unidos. Su administración implementó políticas militares, económicas y migratorias con graves consecuencias para los Estados Unidos y el mundo. América Latina se ha visto particularmente afectada, especialmente en lo que respecta a la expulsión de personas en contextos de migración.

Según el Departamento de Seguridad Nacional de los Estados Unidos, al 27 de octubre de 2025, más de dos millones de ciudadanos extranjeros habían salido de los Estados Unidos: 527.000 mediante deportación y 1,6 millones mediante «autodeportación», debido a amenazas de detención y sanciones. Como resultado, más personas están regresando a Mesoamérica en condiciones vulnerables. Solo en 2025, más de 151.000 ciudadanos mexicanos fueron deportados.

En respuesta, el AFSC creó el Plan de Acción Colibrí para abordar estas necesidades humanitarias a través de tres pilares: asistir y proteger, documentar e incidir.

Implementado en México, Guatemala, El Salvador y Costa Rica en 2025, en alianza con 13 organizaciones, el plan brindó ayuda humanitaria, apoyo psicosocial e información sobre derechos a 3.228 personas. El AFSC también entrevistó a 364 personas. Un testimonio dice:

En El Paso, Texas, estuve tres días. Después me sacaron esposado, manos, pies, cintura, todo. Me subieron a un avión… cuando aterrizó decía McAllen, Texas, y allí estuve detenido nueve días más… el trato fue malo… porque eres migrante no puedes hablar o te golpean. La comida también era mala. Golpearon a un venezolano delante de mí. . …comí y dormí en el suelo.

Este testimonio no es aislado; revela patrones de crueldad y su impacto. Sin embargo, también hay historias de humanidad y solidaridad que restauran la esperanza. Un trabajador de CIMITRA compartió que proporcionar artículos como mochilas y camisetas tiene un impacto profundo: más allá de la ayuda material, se perciben como señales de humanidad, cercanía y cuidado.

La solidaridad cuáquera también tuvo un impacto vital en Costa Rica, donde el AFSC apoyó a la Asociación de Amigos de Monteverde en la acogida de seis familias de Armenia, Rusia, Afganistán y Azerbaiyán. Fueron recibidas por personas que no hablaban su idioma pero reconocieron su dignidad a través del amor.

Construyendo redes. Diálogos comunitarios para la transformación.

El AFSC ha caminado durante casi un siglo en América Latina junto a quienes han sido históricamente excluidos pero luchan por sus derechos. Lo hemos hecho construyendo puentes, fortaleciendo voces y trabajando por la paz con igualdad y justicia.

A pesar de los desafíos, permanecemos fieles a los valores cuáqueros: actuar desde el amor, reconocer la humanidad en cada persona y afirmar que la paz solo es real cuando hay justicia social. Seguimos creyendo que otro futuro es posible, y seguimos trabajando para hacerlo realidad.

Marcia Aguiluz Soto

Marcia Aguiluz Soto —madre, feminista y abogada costarricense— es experta en derecho internacional de los derechos humanos. Obtuvo su licenciatura en Derecho por la Universidad de Costa Rica en 2001. En 2004, obtuvo una maestría en derecho internacional y resolución de conflictos por la Universidad para la Paz de las Naciones Unidas en Costa Rica.

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