Soñando con Miriam

Miriam. «Fuerte, resiliente, rebelde» en hebreo, hermana de Moisés, quien guio el Éxodo. Nacida como niña esclava en algún lugar de las tierras del algodón, vendida al sur profundo a los cinco años, violada por su amo a los 16, la paja rozando las cicatrices de los latigazos en su espalda, su hijo mestizo vendido antes de que dejara de amamantarlo. Obligada a los 18 a casarse con el hijo del amo que la golpeaba cada noche, escapó a los 22, porque el viejo está esperando para llevarte a la libertad, corrió hacia el norte, corrió, corrió sin aliento en la oscuridad, su propio éxodo, tropezando, con sabuesos ladrando y hombres armados en caballos veloces en una persecución enloquecida. Cruzó aguas frías, la orilla del río es un camino muy bueno, se escondió en marañas de espinas, robó manzanas de los bordes de los huertos, subió fatigada por arroyos pedregosos para despistar a los perros, durmió con frío en porquerizas y gallineros, recibió refugio e indicaciones de Los Amigos que se hicieron amigos, se abrió paso siguiendo la luz de la Estrella del Norte, esa luz que la llamaba atravesando su océano de oscuridad, sigue a la calabaza de beber hacia adelante, hacia Canadá, tierra prometida de libertad, más cerca ahora con cada paso descalzo, cada rodilla dolorida, cada aliento fatigado. Acogida en una granja cuáquera, cuando el sol regrese y llame la primera codorniz, cuáqueros que le trajeron comida, ropa, vendajes, oración, aliento silencioso, amor tácito, que la enviaron más al norte, escondida bajo el heno, al norte hacia la libertad, que la dejaron en el bosque a diez pasos de Canadá, a diez pasos de la libertad, los árboles secos te mostrarán el camino, agarrada, placada por hombres fuertes con rifles y abrigos negros con máscaras de pañuelo, espectros emergiendo del bosque al amanecer, atada fuerte, rebelde, retorciéndose en cadenas de hierro y grilletes oxidados, izada por manos rudas que la palpaban a un carromato vacío, tambaleándose, sacudiéndose hacia el sur, la libertad alejándose rápidamente de su vista, los grilletes cortando su carne en rojo, amarrada a una viga en un establo vacío sin comida ni agua, las laceraciones infectándose, supurando, apestando, murió de sepsis a los 23, porque el viejo ya viene solo para llevarte. . . Libre al fin, libre al fin, gracias a Dios Todopoderoso, ella es libre al fin. Miriam, fuerte, resiliente, rebelde. Libre. . . .

Phil Wagner, Margrett Nillin, 2019. 24″ x 36″, técnica mixta. Fotografía original de un fotógrafo desconocido de la U.S. Works Progress Administration, 1937. 5″ x 3,25″, gelatina de plata.
Margrett Nillin fue una antigua esclava entrevistada por el Federal Writers’ Project en 1937/38 en Fort Worth, Texas. La cita de la pieza pertenece a la entrevista.

Neal Burdick

Neal Burdick es descendiente directo de «empleados» del Ferrocarril Subterráneo; la Miriam de esta historia es una amalgama imaginaria de los buscadores de libertad a los que ayudaron. Neal rinde culto en la Junta de Burlington (Vermont). Foto de John Barren.

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