Qué significa para mí ser cuáquera
Mi familia ha sido cuáquera durante generaciones, así que he sido cuáquera toda mi vida. Crecí asistiendo a una iglesia cuáquera en México donde el culto es programado. Ser cuáquera me resulta normal. Hace tres años me mudé a Canadá y ahora asisto a la Junta de Winnipeg (Manitoba), que es una junta no programada (en silencio). En México, no mucha gente conoce a los cuáqueros. A lo largo de mi vida, cuando mis amigos o cualquier otra persona me preguntaban por mi religión, tenía que explicar qué significa ser cuáquera. Pero he notado que se me está haciendo un poco más difícil explicarlo. Por un lado, puedo describir quiénes son los cuáqueros: su historia, figuras importantes, distintos tipos de culto e incluso sus principios. Pero ¿qué significa realmente ser cuáquera? ¿Qué significa para mí ser cuáquera? Esa es la pregunta que me resulta difícil de responder.

Mi percepción del cuaquerismo
Ser cuáquera puede ser difícil porque te hace más consciente del impacto que tus acciones, pensamientos y palabras tienen en el mundo y en las personas que te rodean. La integridad es uno de los principios cuáqueros más importantes para mí, pero también uno de los más difíciles de practicar. Aunque es cierto que intento tenerlo presente y vivir cada día de forma coherente, a menudo hago cosas sin pensar antes si estoy de acuerdo con ellas o si se ajustan a los principios cuáqueros.
Otro principio con el que tengo dificultades es la sencillez. Veo que mis amigos tienen pantalones o camisetas de moda y, aunque no necesito más ropa y puede que no esté de acuerdo con la ética de ciertas marcas, aun así las compro. Como joven, quiero encajar; es fácil dejarse influir por las redes sociales o por otras personas de mi edad. Sé que no es el fin del mundo si compro esa prenda, pero significa que llevo algo que no representa lo que creo y no se ajusta a mis principios cuáqueros.
Como joven cuáquera, a veces me cuesta controlar mi consumo, pero este principio en particular me ayuda a frenar el impulso de comprar lo que está de moda y, en su lugar, parar para considerar si de verdad lo necesito o si es solo un capricho. Reflexiono sobre el proceso utilizado para crear el producto, el impacto que esa compra puede tener y si estoy de acuerdo con los principios de la empresa que lo fabricó. Soy consciente de que ser cuáquera no significa que nunca vaya a participar en el consumismo, pero me ayuda a pensármelo dos veces antes de comprar algo que en realidad no necesito.
Esta es una de las características más importantes de ser cuáquera: no vemos las diferencias como algo malo que deba rechazarse; al contrario, sentimos curiosidad por ellas. Por muy diferentes que seamos unos de otros, todos tenemos cosas en común, y la más importante es la Luz Interior.
¿Qué distingue al cuaquerismo de otras religiones?
Un día, mientras hablaba con mi abuelo, le conté lo que estaba escribiendo y mis dudas. Lo que más me llamó la atención de lo que dijo fue que, para él, el cuaquerismo es una religión muy abierta. Esto profundizó mi reflexión sobre mi experiencia como joven cuáquera. Cuando tenía 13 años, viajé a Canadá y asistí a las sesiones anuales de la Junta Anual canadiense. Fue la primera vez que experimenté el silencio durante tanto tiempo. Recuerdo que nos llevaron fuera para un culto. Por suerte era verano, porque en invierno no puedes estar fuera mucho tiempo sin congelarte. Nos pusimos en círculo y permanecimos en silencio durante una hora. ¡Una hora! Hicimos esto varias veces durante el encuentro de tres días. Fue una experiencia nueva y positiva para mí.
Cuando regresé a mi iglesia programada en Monterrey, México, compartí esta experiencia y sugerí que incluyéramos diez minutos de silencio cada domingo. Mi propuesta fue aprobada y, a partir de ese momento, guardamos silencio cada domingo. Años después, cuando nos mudamos a Canadá y empezamos a asistir a juntas en silencio todos los domingos, mi hermana y yo empezamos a echar de menos nuestra junta programada. Mi madre sugirió que hiciéramos un estudio bíblico juvenil en una sala aparte una vez al mes. Esa propuesta también fue aprobada, y ahora tenemos un estudio bíblico mensual al que todo el mundo es bienvenido.
Me llama la atención que las propuestas fueran escuchadas, acogidas y valoradas en ambas juntas. Varios Amigos incluso se entusiasmaron por poner en práctica estas ideas, por muy diferentes que fueran o vinieran de quien vinieran. Temía que se rechazaran porque eran estilos de culto completamente distintos para cada junta o porque venían de una niña de 13 años. Debo admitir que me sorprendió lo bien que se recibieron en ambos casos.
Creo que esta es una de las características más importantes de ser cuáquera: no vemos las diferencias como algo malo que deba rechazarse; al contrario, sentimos curiosidad por ellas. Por muy diferentes que seamos unos de otros, todos tenemos cosas en común, y la más importante es la Luz Interior. Como cuáquera, intento mantener la mente abierta ante nuestras diferencias y acoger las oportunidades de comprender y escuchar a quienes son diferentes a mí. Aunque esto puede ser un reto, creo que es nuestro deber como cuáqueros mantenernos abiertos a escuchar; respetar las diferencias; y, sobre todo, encontrar puntos en común.

en la primera fila, segunda por la izquierda (de rojo). Foto cortesía del autor.
Mi relación con Dios como joven cuáquera
Hay una característica más de los cuáqueros que creo que es muy importante: a diferencia de otras religiones, creemos que no se necesita ningún intermediario para llegar a Dios o hablar con Él. Esta es una de las principales razones por las que me gusta tanto ser cuáquera. Mi relación con Dios es personal; puedo hablar con Él de cualquier cosa sin que nadie más tenga que conocer mis preocupaciones o mi gratitud, y eso me hace sentir muy cómoda en mi relación con Dios.
He experimentado distintos tipos de culto cuáquero, y todos tienen algo en común: la presencia de Dios, o la Luz Interior. Por ejemplo, en el culto en silencio, puedo sentarme en silencio y esperar a escuchar lo que Dios tiene que decirme, pero también puedo aprovechar ese tiempo para hablar con Él sobre lo que necesito o considero importante. En el culto programado, normalmente encuentro nuevas formas de adorar a Dios, ya sea cantando, hablando o comentando un pasaje de la Biblia. Me gustan ambas formas de culto, pero, personalmente, he descubierto que combinarlas es lo que más me llena. Tener culto programado con tiempo para el culto en silencio al principio y al final me ayuda a reconectar con Dios y conmigo misma. Me permite compartir lo que haya aprendido, pedir ayuda o hablar de algo de mi vida.
Al principio de este ensayo dije que no estaba segura de lo que significaba ser cuáquera. Ahora que he tenido la oportunidad de reflexionar más profundamente sobre ello, puedo explicarlo con más claridad y, al mismo tiempo, ayudar a otros a entender un poco el cuaquerismo y cómo lo vivo en el día a día. Para mí, ser cuáquera significa intentar vivir cada día según los principios cuáqueros, haciendo de mi vida mi testimonio. Significa recordar que puedo hablar con Dios de cualquier cosa en cualquier momento, porque Dios está siempre presente en todos y cada uno de nosotros; esa es la Luz Interior que todos tenemos. Ser cuáquera significa estar abierta a lo que Dios ponga en nuestra vida, sea cual sea la forma en que aparezca: ya sea como un reto que debemos afrontar o como una bendición que llega a nuestra vida en ese momento. Pero también significa estar abierta a escuchar a los demás y aceptar nuestras diferencias, reconociendo lo de Dios en cada persona.


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