
Mi padre me las presentó
quien aprendió sobre ellas de su padre
y así sucesivamente hasta
Adán
quien metió la pata hasta el fondo
con la fruta prohibida
e hizo las cosas aún peor
al intentar escurrir el bulto
(lo que no le hizo ganarse el cariño
de la mujer,
pero esa es otra historia).
Lo que salió de ello fue la tierra maldita:
“espinos y cardos
te producirá.”
Por eso, si nadie está mirando.
Me inclino y arranco la pamplina
de la patética franja de caléndulas
a lo largo de la pared agrietada en
Burger King.


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