Fe, legado y expansión misionera

Una marcha evangelística celebrada en el pueblo de Catavi, en la región de los Andes, donde se encuentra la Iglesia Amigos Central. Fotos cortesía del autor.

La cultura aymara es una de las más antiguas y significativas de Bolivia. Se caracteriza por su riqueza cultural, sus tradiciones ancestrales y su profunda conexión con la naturaleza. Con esto en mente, podemos examinar sus características definitorias, sus costumbres y su importancia dentro de la sociedad boliviana.

La cultura aymara se originó hace muchos años y tiene raíces preincaicas. Se desarrolló en el Altiplano andino y, hoy en día, el pueblo aymara habita principalmente el occidente de Bolivia, especialmente en zonas cercanas al lago Titicaca. Sin embargo, con el tiempo, su población ha disminuido, ya que muchas personas migran a las ciudades o a otros países en busca de mejores condiciones de vida.

La lengua aymara es una lengua indígena que sigue siendo hablada por muchas personas en Bolivia. Es una de las lenguas oficiales del país y constituye un componente vital de su identidad cultural.

En cuanto a la organización social, la cultura aymara se basa en la vida comunitaria y la cooperación. Uno de sus valores fundamentales es el ayni, que significa ayuda mutua entre las personas. En lo que respecta a su cosmovisión, el pueblo aymara mantiene una perspectiva espiritual del mundo. Cree en la Pachamama (Madre Tierra), a quien venera y a quien ofrece gratitud mediante rituales y ofrendas. La naturaleza se considera sagrada.

También mantienen sus costumbres y tradiciones. Entre las más destacadas están celebraciones como el Año Nuevo Andino; el uso de vestimenta tradicional, incluidas las polleras (faldas de varias capas), mantas y sombreros, así como la música y las danzas tradicionales, acompañadas por instrumentos como la zampoña (flauta de pan) y el charango (instrumento de cuerda pequeño).

En lo económico, los aymaras se dedican principalmente a la agricultura (patatas, tunta, chuño, quinoa y cebada), a la ganadería (ovejas, llamas y alpacas) y al comercio en mercados locales, incluido el intercambio de bienes.

En nuestro país, la cultura aymara es fundamental para nuestra identidad nacional, ya que preserva tradiciones, valores y saberes ancestrales que enriquecen la diversidad cultural de Bolivia. Por esta razón, representa un patrimonio invaluable. Sus costumbres, creencias y forma de vida reflejan un profundo respeto por la naturaleza y la importancia de la comunidad. Por ello, es esencial valorarla y preservarla para las futuras generaciones.

Izquierda: Clase de adultos en la reunión anual de gestión de 2025, en Lacaya, provincia de Los Andes. Derecha: Escuela dominical para niños en la iglesia de Cañuhuma, provincia Franz Tamayo

Izquierda: Escuela dominical para niños en la iglesia de Hichapata, provincia Franz Tamayo, una comunidad de difícil acceso. Derecha: Distribución de ropa y provisiones como servicio social a niños y familias por parte de la iglesia en la plaza donde se encuentra la iglesia de Cañuhuma.

La Junta Directiva de la Iglesia Central Amigos de Bolivia (Central Friends Church of Bolivia) supervisa actualmente 17 congregaciones locales ubicadas en diversas regiones donde está presente la cultura aymara. Esta institución desempeña un papel significativo dentro de estas comunidades, no solo en el ámbito espiritual, sino también en el social y comunitario. Su labor busca compartir el mensaje del evangelio respetando la cultura y las tradiciones de este pueblo.

La Iglesia Central de Los Amigos se dedica a la evangelización: llevar la Palabra de Dios a diversas comunidades, tanto urbanas como rurales, especialmente a personas de ascendencia aymara. Esta misión se realiza mediante cultos, campañas evangelísticas y visitas familiares en distintas comunidades del Departamento de La Paz, Bolivia. En muchos casos, la predicación se hace en lengua aymara, lo que facilita una comprensión más profunda del mensaje. De este modo, se busca que las personas sean edificadas y bendecidas espiritualmente mediante la Palabra de Dios y los actos de alabanza.

Además, la Iglesia Central de Los Amigos de Bolivia contribuye a la formación espiritual de las personas. Sus miembros organizan estudios bíblicos, clases de escuela dominical y sesiones educativas adaptadas para niños, jóvenes y adultos. Estas actividades sirven para fortalecer la fe y promover valores fundamentales como el amor, el respeto y la unidad. Con este fin, la institución ha desarrollado sus propios materiales de enseñanza, que se distribuyen a diversas congregaciones locales para su implementación.

La iglesia realiza una importante labor social. En diversas comunidades aymaras, brinda apoyo a familias necesitadas mediante la distribución de alimentos y ropa, y ofreciendo ayuda en momentos difíciles. Así, el amor al prójimo se expresa con acciones concretas. En una ocasión reciente, se distribuyeron ropa y provisiones a familias de la comunidad de Cañuhuma, ubicada en la provincia Franz Tamayo, una zona remota y alejada de la sede de gobierno, donde la iglesia mantiene una congregación local.

En cuanto a la cultura, nuestra iglesia busca un equilibrio entre la enseñanza bíblica y el respeto por las costumbres locales. Reconocemos la importancia de valores como la solidaridad y el ayni, valores compatibles con los principios cristianos de ayuda mutua y servicio. Recientemente, miembros de la comunidad colaboraron en la construcción de una iglesia local en Catavi, ubicada en la provincia de Los Andes, en el Departamento de La Paz.

La historia de la Iglesia Evangélica de Los Amigos en Bolivia es el resultado de la fe, el sacrificio y la obediencia de hombres y mujeres que respondieron al llamado de Dios para predicar el evangelio. Este legado tiene sus raíces en el movimiento cuáquero fundado por George Fox, quien enseñó la importancia de vivir en obediencia a la Palabra de Dios. Su testimonio inspiró a muchos a llevar el mensaje de salvación a distintas partes del mundo.

Impulsados por el mandato bíblico de ir y hacer discípulos a todas las naciones, misioneros de Estados Unidos llegaron a Bolivia con el propósito de predicar el evangelio y establecer la iglesia.

De izquierda a derecha: Mattie Blount y Emma Morrow, las primeras misioneras en Bolivia, Sorata, provincia Larecaja, 1919; las hermanas vestidas con atuendo tradicional de cholita, 14 de mayo de 1919; la misionera Mary Barnard, en Coroico, Bolivia, 1928.

La presencia de la iglesia en Bolivia comenzó en 1919, específicamente con la llegada de la Iglesia Central de Los Amigos de Bolivia. Ese año marcó el inicio de la etapa misionera, con la llegada de misioneros desde Estados Unidos. Esta obra misionera continuó hasta 1975, abarcando aproximadamente 56 años de labor y crecimiento.

Posteriormente, en 1975 comenzó el período de la Iglesia Nacional y continúa hasta la actualidad. El año pasado se celebró el quincuagésimo aniversario de la obra nacional, lo que representa una etapa significativa de consolidación y desarrollo bajo su propio liderazgo.

Sumando ambos períodos, afirmamos que la iglesia —es decir, la obra misionera de los cuáqueros— ha estado presente durante 107 años en Bolivia. En 2019 se celebró el centenario de la llegada del evangelio al país, conmemorando 100 años desde que la Palabra de Dios fue traída por misioneros de Estados Unidos.

También es importante señalar que algunas iglesias locales se acercan a su nonagésimo octavo aniversario, como la iglesia de Coroico, que realiza reuniones mensuales para conmemorar su historia.

La llegada de los misioneros es un acontecimiento de gran relevancia en la historia de la Iglesia Cuáquera en Bolivia. Vinieron desde Estados Unidos, movidos por su convicción y por el llamado de Dios, con el propósito de predicar el evangelio.

Su llegada se fundamentó en la Palabra de Dios, tal como está escrito en Mateo 28:19: «Por tanto, id y haced discípulos a todas las naciones» (Nueva Versión Internacional). En obediencia a este mandato, los misioneros vinieron a proclamar el evangelio al pueblo de Bolivia. Asimismo, obedecieron lo que dicen Las Escrituras en Hechos 1:8: «Seréis mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaria, y hasta los confines de la tierra» (NVI).

También debemos mencionar que el evangelio se difundió a través de los cuáqueros, cuyo fundador fue George Fox, que vivió de 1624 a 1691. Su vida dejó un impacto profundo, tocando muchas almas e inspirando una sincera reflexión espiritual. Se dice que, en una ocasión, Fox compareció ante el juez Bennet en la ciudad de Derby, donde declaró que el juez debía temblar ante la Palabra de Dios. Esta afirmación se hizo con firme convicción espiritual; sin embargo, el juez, quizá con ira y burla, los llamó «Quakers» (un término que significa «los que tiemblan»). Desde entonces, ese nombre ha identificado al movimiento, y todavía hoy se le conoce por esa denominación en muchas congregaciones.

Del mismo modo, aquí en Bolivia, la vida de Fox sirve como ejemplo a seguir, especialmente por su valentía, su fidelidad a Dios y su compromiso con la verdad. Su testimonio nos inspira a mantenernos firmes en la fe y en la predicación del evangelio, siguiendo el llamado que Dios ha hecho a su iglesia.

Los cuáqueros se establecieron principalmente en los departamentos de La Paz y Beni, especialmente en la ciudad de Riberalta, así como en diversas comunidades del Altiplano. Su obra misionera se desarrolló ampliamente entre comunidades aymaras, donde predicaron el evangelio y fortalecieron la fe cristiana.

La obra cuáquera en Bolivia comenzó en 1919 en el pueblo de Sorata, en la provincia Larecaja. Las hermanas Mattie Blount y Emma Morrow, dos jóvenes misioneras, decidieron viajar a esta región del altiplano boliviano para compartir la Palabra de Dios. Sorata se encuentra a aproximadamente 150 kilómetros de la capital, y fue allí donde iniciaron su labor misionera.

Los misioneros fueron recibidos cordialmente por los habitantes locales, que se convirtieron en los primeros cristianos cuáqueros de la zona. Como muestra de aprecio e identificación con la cultura local, la gente vistió a las hermanas con atuendo tradicional de cholita, que incluía la pollera (falda), la manta (chal) y el sombrero. Este gesto permitió que las misioneras se integraran más plenamente en la comunidad y construyeran fuertes vínculos con los primeros creyentes cuáqueros en Sorata. Así comenzó la expansión de la obra cuáquera en Bolivia, dejando un legado espiritual que perdura hasta hoy.

Familia Enyart, misioneros en Bolivia.

En 1928, la obra misionera se expandió a la región de los Yungas, una zona de clima cálido ubicada a unos 100 kilómetros de la sede de gobierno, La Paz. Fue en esta región donde la Palabra de Dios comenzó a difundirse, con la llegada de nuevos misioneros comprometidos con la predicación del evangelio, entre ellos Mary Barnard, que llegó para fortalecer y edificar la obra en el pueblo de Coroico.

Predicar el evangelio en esta región no fue fácil, ya que el acceso era extremadamente difícil. La carretera que conecta La Paz con los Yungas se conoce hoy como la «Carretera de la Muerte» por su peligrosidad. En aquel entonces, los misioneros tenían que viajar del Altiplano a los Yungas a pie, a caballo o en mula, afrontando grandes desafíos para llegar a su destino y cumplir su misión.

También llegaron jóvenes misioneros como Paul Enyart, contribuyendo al fortalecimiento de la obra misionera cuáquera en Bolivia. Permaneció en la región de los Yungas trabajando junto a otros misioneros, consolidando así el crecimiento de la iglesia.

En 1930, por primera vez se casaron en Bolivia dos misioneros cuáqueros: Paul Enyart y Mary Enyart. A través de esta unión, su familia continuó apoyando y fortaleciendo la obra del Señor.

Durante esa misma década, se construyó un edificio de misión en Coroico con la ayuda de los residentes locales y el trabajo de los misioneros de la zona. Este edificio fue una construcción admirable y aún se mantiene en pie hoy, aunque con algunas modificaciones. Representa el esfuerzo, la dedicación y el compromiso de los primeros misioneros cuáqueros en Bolivia.

Misioneros en mulas y caballos camino de establecer iglesias en los Yungas.

La obra continuó expandiéndose. En 1950, los misioneros Max Green y Lessi Green llegaron a la ciudad de Riberalta, en el Departamento de Beni. Iniciaron y fortalecieron la obra cuáquera en el oriente de Bolivia, contribuyendo al crecimiento y la consolidación de la Iglesia Evangélica de Los Amigos en Bolivia.

En 1951, llegó una pareja misionera, Walter Langton y Emma Langton, para fortalecer la obra en el pueblo de Coroico. Fueron de gran bendición para los hermanos y hermanas cuáqueros de esa región, contribuyendo al crecimiento y fortalecimiento de la obra misionera.

La obra misionera en Bolivia no fue fácil, especialmente por las dificultades de transporte. En aquel entonces, los misioneros viajaban en camión por las empinadas carreteras de los Yungas, afrontando numerosos riesgos.

Los testimonios de muchos hermanos y hermanas cuáqueros que vivieron en esos lugares confirman que la obra misionera fue una gran bendición para sus familias. Expresamos nuestra profunda gratitud a los misioneros que vinieron desde Estados Unidos, obedeciendo el llamado de Dios.

Los Amigos trabajando en infraestructuras en la comunidad de Quiripujo, provincia de Los Andes.

Izquierda: Actividad juvenil de Los Amigos Centrales de Bolivia. Derecha: Una reunión de adoración.

Actualmente, la reunión anual de la Iglesia Central Evangélica de Los Amigos en Bolivia continúa la obra y el legado que dejaron nuestros hermanos y hermanas misioneros cuáqueros de Estados Unidos. La iglesia cuenta ahora con 57 congregaciones establecidas en distintos departamentos y provincias, especialmente en La Paz, Beni, Pando y Oruro, trabajando siempre en la misión del Señor.

En 2025 se celebró el quincuagésimo aniversario de la obra nacional, un acontecimiento de gran importancia para la iglesia. En este encuentro participaron aproximadamente 800 personas, incluidos jóvenes adultos y niños de distintas reuniones mensuales.

Estos encuentros reflejan el fruto del esfuerzo misionero y el crecimiento de la iglesia en Bolivia. A través de imágenes y fotografías, se puede observar la unidad, el compromiso y la fe de los creyentes, que siguen adelante con la misión que se les ha confiado. Desde sus inicios en 1919 hasta la actualidad, la Iglesia Evangélica de Los Amigos en Bolivia ha recorrido más de un siglo.

Eliseo Marco Portillo Valencia

Eliseo Marco Portillo Valencia es pastor, tiene una licenciatura y es educador profesional. Nació en 1974 en La Paz, Bolivia. Está casado y es padre de tres hijos. Entre los cargos que ha desempeñado se incluyen: líder de iglesia, copastor, pastor principal, director del Instituto Bíblico Cuáquero, presidente de la Mesa Directiva Nacional, autor de varios libros y fundador del proyecto MQV Bolivia. Traducido del español por Renzo Mejía Carranza.

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